domingo, 31 de mayo de 2026

Caminando con...migo

      Y aquí en Porto interrumpió este camino el peregrino. Habrá tiempo para retomarlo, que el Camino y Porto siempre estarán, no así nosotros. Carpe diem.
Ahora llega el momento de retomar el sendero de la rutina, esa de la que vine escapando. Pero antes bien merezco disfrutar, armado con mi cámara, de esta hermosa ciudad.
Es aquí, caminando sus calles, donde las últimas luciérnagas del interior de mi mina comienzan a iluminarme las palabras a extraer después de recorrer durante días las galerías de mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones, mis ensoñaciones. 
        Es aquí donde camino conmigo, con mi pasado y mi presente. Con todos los que fuí hago recuento en mi despensa de lo que fueron consiguiendo para desembocar en este yo del presente, como hace el Douro en esta misma ciudad.
El niño depositó los cimientos, que no se han movido ni un ápice y a estas alturas no creo que lo vayan a hacer.
El adolescente consiguió la conciencia del mundo real que estaba por estrenar, con sus mariposas, sus hormigas, sus muertos, sus alegrías.
El joven ahondó en lo que hicieron los anteriores para llenar más la despensa.
El maduro se convirtió en padre de una decisión que rompió el tablero de juego de los anteriores, pero que también le permitió ampliar su despensa, porque realmente lo iba a necesitar.
    Mi mundo pequeño pero más que suficiente para aquel niño, aquel adolescente y aquel joven, solo existe en el recuerdo y en los cimientos del hombre maduro de hoy que se abrió a un mundo mucho más grande. No más grande por el mundo en sí, sino por lo que le ha permitido vivir y caminar, “llegando a la verdad por direcciones prohibidas”.
        ¿Habrán sido este Camino de Lisboa a Porto, estas páginas manchadas ahora, las compañías de cada día, mi peculiar Saudade?
Si tuviera razón aquel que la bautizó como “bem que se padece e mal de que se gosta”, acaso no se encierra en eso mi despedida a un buen hombre, las mariposas de mis amores, la sinceridad a mi madre, el recuerdo a mi padre, el refugio en las alegrías pequeñas cuando la vida amenaza tormenta, los miedos respetados pero no temidos o la compañía que caminó hasta traerme a lo que soy aquí hoy.
Seas lo que seas, Saudade, obrigado para siempre por hacerme caminar.

    Porto

sábado, 30 de mayo de 2026

Caminando con... mis miedos

      Las alegrías ayer me acompañaron al valorar la belleza del río Dos Mouros, sus cientos de detalles blancos formando un manto sobre el agua. O la belleza arquitectónica de Coimbra en la que buscar detalles callejeando arriba y abajo.
Esas alegrías, decía, hoy parecen tornarse oscuras al dejar atrás la ciudad y ofrecerme de nuevo un camino soso, sin detalles. Hoy de los detalles de mis pasos sigo sacando reflexiones, ideas, recuerdos, imaginaciones varias. Y al cruzarse entre esos pasos la procesión negra y diligente de las hormigas, empezaron a acompañarme los miedos. 
        O quizás el miedo, en singular, porque si en el fondo de mi ser realmente tengo varios que en mi consciente no detecto, creo que podrían englobarse en uno, el miedo al vacío, a la nada.
No hablo de la muerte propia, a la que creo, la mayoría no le tenemos miedo llegada cierta edad. En todo caso, le tendría miedo a la muerte de seres queridos a los que aún les queda mucho por caminar.
No, el miedo al vacío es el miedo a una vida muerta, la máxima paradoja de la que no solemos salir bien parados una vez que caemos. Será por eso que hago de los detalles mis alegrías en cualquier formato posible.
    Ahora que este viaje va llegando a su final y que la vuelta a la rutina real ya se acerca, pongo en valor la necesidad que tenía de esta huida, como ya escribí el primer día.
Necesitaba huir del miedo al fracaso de un proyecto que me ha subyugado la mente durante meses, pero al que tenía que decir basta para volver a recomponerme. Ahora que la realidad se va acercando por el horizonte del fin de semana, tendré la energía suficiente para encarar de nuevo ese miedo.
El miedo al fracaso de ese proyecto que me deje en un vacío, en un limbo, que no voy a dejar avanzar más. Me olvidé de la alegría de los detalles, me olvidé de imaginar, me olvidé de escribir. No es que lleve todo este tiempo sumido en una oscuridad, pero las malas noticias y los constantes obstáculos taladraban por el día y por la noche. 
        Así creció el miedo a que este proyecto acabe en la absoluta nada. Pero ahora estas líneas escritas se convierten en el dique para contenerlo, poder ganar tiempo y recordar que no es el fin del mundo. La distancia agota, el sol aprieta, la brisa no aparece, la ruta es insulsa, pero paso a paso el peregrinaje acabará donde sea que tenga que acabar. Así que mejor recordarme que mi objetivo siempre fue el camino, no el destino.
        Si el vacío ha de ser, sea, que yo lo llenaré con las alegrías de mi vida.
El miedo, o mis miedos, estarán siempre presentes supongo, como las hormigas procesionando bajo nuestros pies, pero pasando sobre ellas para continuar nuestro camino.

            Sernadelo

sábado, 23 de mayo de 2026

Caminando con... mis alegrías

        Cuando el cofre del tesoro se abre ante mí después de días de búsqueda, la satisfacción clava bandera por fin en mis deseos.

La belleza que buscaba no ha sido fácil de encontrar en el tramo recorrido, belleza merecedora de ser capturada en mi cámara y darme la alegría de jugar a ser artista.

Las alegrías en mi vida tienen nombre, tienen rostro, tienen humor, tienen sonido, voz y melodía, tienen recuerdos. Tienen la ambición a contraflecha y de ahí la belleza. Es la filosofía con la que crecí, la de disfrutar de los detalles porque los problemas siempre van a estar.

        La alegría puede no estar en cada uno de los pasos de mi camino, pero la encuentro en la oportunidad de avanzar que me brinda cada uno.

Inquietudes sencillas que me empujan hacia adelante y me hacen crecer como la sombra que el sol ya va poniendo delante de mis pies. Y de ahí la belleza. Y por eso mis alegrías.

La del verso que me identifica, la del libro que me lleva a otros mundos, la del estallido del gol, la de la pamplina inagotable para hacerles reír, la del ronroneo de un gato en mi pecho, la del tiempo volando en alas de una conversación, la de mi garganta cantando aquí en el monte, la de la nueva foto para colgar en mi pared, la de la nueva tarjeta o postal en mi muro positivo, la de la risa que no se aguanta porque algo me hizo recordar aquello, la de la película que me atrapa de veras, la de la palabra exacta para lo que quiero expresar, la del nuevo lugar visitado, la del nuevo plato degustado, la del nuevo capricho dado, la del nuevo extraño conocido. Y sí, también la alegría del trabajo bien hecho, de las gracias sinceras, de la solución al problema, de la buena noticia dada o recibida.

        Las alegrías infinitas que me llevo de cada detalle. Detalles que son pasos. Pasos que hacen camino al andar. Alegrías que hacen vida al vivir.

De Alvorge a Coimbra


domingo, 10 de mayo de 2026

Caminando con... mi padre

        Cuando los verdes y los terrosos aparecen maquillándose con la luz blanca de estas horas tempranas en estas latitudes, apareces tú siempre como un fauno. La naturaleza siempre te trae a mi memoria y quien sabe si es por eso que mi subconsciente me fue empujando a estas incursiones de silencio y tranquilidad para acercarme a ti de nuevo.
Los olores que lleva la brisa, las hechuras de los hombres del campo a los que saludo al pasar, me ayudan a enfocar un recuerdo más nítido de ti.
Así, de esta manera, llevo años compensando las conversaciones que no tuvimos pero que un día tendremos en nuestra Eternidad particular. Así, de esta manera, la espina de aquella noche supura menos. Pero dejémonos de tristezas, que la vida debe continuar y yo te traigo para ver el mundo juntos, para contarte cómo me va y para permanecer callados acompañándonos.
        En todos estos años no he dejado de preguntarme cómo hubieran sido esos mismos si continuaras con nosotros, cómo hubieras envejecido junto a mamá, si los niños se habrían interesado por tus cosas, si los dos hablaríamos más sobre las malditas noticias de la tele, si veríamos películas antiguas juntos ahora que a mí me empiezan a interesar, qué palabras tendrías para mis decisiones, si la vejez se hubiera rendido a las emociones que nos cuesta sacar.
Todo es ficción, evidentemente, porque para ser imparcial también debería preguntarme qué hubiera pasado si hubieras sobrevivido a aquella noche pero con secuelas o si la desgracia nos hubiera derrotado años más tarde por mor de una enfermedad. Por suerte no fue así. Digo por suerte porque ya sabes cómo pienso al respecto.
        Todo es ficción, y como es la mía, sigue caminando conmigo mientras te cuento cómo me va la vida por allí arriba, con toh suh avíoh.
Préstale tu voz a las hojas de estos eucaliptos para llevarme a aquellas historias tuyas de juventud. Tu voz que no se apaga, nada de ti se apaga porque sigo haciendo mi camino con la dignidad que me inculcaste, pisando la tierra y buscando el horizonte, agradeciendo la belleza de lo sencillo del paisaje, labrándome el día a día para que la conciencia duerma tranquila, sembrándote en mi imaginación para cosecharte en mi realidad diaria.
        Regresa tranquilo a la playa a la que te envié un día y saluda a los que se nos fueron. Que sigan esperando por mí, que a este lado detengo mis pies por hoy, pero continuaré mi camino mañana, a las horas tempranas en las que verdes y terrosos se maquillan con luz blanca.
Luz blanca que no se apaga.

        De Santarem a Cortiça

domingo, 3 de mayo de 2026

Caminando con... mi madre

             En este descanso de mi camino te pienso porque sé que no estarás bien ante mi prolongada ausencia. Soy consciente de que puse tierra de por medio tras mi última visita. Me duele hacerlo, pero lo necesito. No te sientas culpable ni responsable, te prometo que no es por ti, pero ya no me siento en casa cuando vuelvo y eso también duele. 
Mi vida está ocurriendo lejos al igual que tu vejez, no soy yo el único que se está perdiendo momentos. Este Mahoma seguirá volviendo porque sabe que la montaña jamás se moverá en la dirección opuesta. No es un reproche, es la realidad y siempre la comprendí.
        Seguiré volviendo porque te sigo amando, mi lugar más seguro del mundo, el descanso en mi camino. Pero somos hijos de tiempos muy distantes entre sí, y yo padre de una decisión que me abrió un mundo más allá del continente de nuestra bahía.
Seguiré volviendo para recuperarme junto a ti, aunque te sepa a poco. Para no perderme tu cuarto menguante, aunque te parezca tarde. Para quedarnos tranquilos los dos cada vez que cruce el umbral de la puerta.
Seguiré volviendo viejita mía, aunque no pueda garantizar ya alegrías pasadas pero sí la motivación de tenernos una vez más. 
Seguiré volviendo para domesticar al elefante en la habitación del que nadie habla pero en el que todos pensamos. Seguiré volviendo porque el cordón umbilical jamás se cortó. Seguiré volviendo porque nunca dejaré de amarte, porque nunca dejaré de cantarlo.

                       "Gaditano es el que cuando la marea
                   se lo lleva lejos de nuestra ciudad,
                   donde esté una bandera siempre ondea
                   y seguro que algún día volverá”.
 

        Santarem.

sábado, 2 de mayo de 2026

Caminando con... mis amores

        La mañana comenzó bonita, fresca, ni temprano ni tarde, con un paseo siguiendo el Tejo, como una prolongación del sendero de ayer. Pero poco a poco se ha vuelto monótona, aburrida, apartándose del agua y ofreciendo solo una línea recta sin refugio del sol.

        Solamente algunas mariposas cruzando de lado a lado mi trayectoria ponen algo de interés a esta intemperie anodina. Mariposas. Curioso. Las mismas que ya no entran más en mi estómago. Y este simple pensamiento me lleva a la imagen de las mariposas que un día salieron de mi estómago con nombres y apellidos para no entrar nunca más.
Si mi imaginación las deja revolotear a mi alrededor y las materializa en aquellas mujeres que amé, es porque sigo guardando un buen recuerdo de ellas. No se puede obligar a nadie a amar, va contra el principio propio de ese sentimiento.

        “El primer amor no siempre llega el primero” y menos aún si el miedo al rechazo te impide abrir la boca, mi morena adolescente. No me arrepiento de las tonterías de enamorado primerizo que llegué a hacer por ti, en secreto y sigiloso por supuesto. Que nadie se entere que el niño anda queriendo, que nadie se entere que el Antoñito está por menganita.
No me arrepiento, cualquiera pasa por eso y el atreverse o no, no tiene que ser determinante de nuestro destino. Hasta lo que no sucede, sucede por algo, y así nuestra personalidad se va desarrollando de una manera u otra, como los pasos que voy dando en este sendero de línea recta y desnivel cero.
¿Quién sabe qué hubiera ocurrido si te hubiera hablado de lo que sentía? ¿Quién sabe dónde estaríamos si hubieras dicho que sí? Ya da igual, todo quedó en el terreno de la ficción y los sueños, que se quedan atrás en el camino cuando te das cuenta que la ruta te guarda escenas iguales o más importantes.
Pasaron los años y una noche de buenas a primeras me topé contigo. Nuestras vidas eran tan diferentes a las que nuestros adolescentes habían pensado. Yo, gaditano hasta la médula pero fuera del país. Tú, madre soltera desde poco tiempo después de cerrar la adolescencia. Nuestras esencias no habían cambiado, nuestras circunstancias lo hicieron. Nunca leerás esto y no creo que yo necesite volver a escribir sobre ti. Siempre serás un lindo recuerdo.

        Y tú, la primera calabaza en mi trastero, la primera por la que me atreví. Nuestra amistad perduró hasta que la dejamos apagarse tras mi marcha, pero fuimos maduros para no arruinarlo todo antes. Tú encontraste lo que querías, supongo, y desde entonces, la nada. La primera piedra en mi muralla.

        Mariposa de alas verdemar, como eran tus ojos, la única que tras escapar de mis adentros se quedó revoloteando en mi camino. La primera que, durante un breve tiempo, aceptó ser la pieza que le faltaba a mi puzzle. Pasaría un tiempo, pasaría mi joven piel intensa, para darme cuenta de que mi puzzle lo completo sólo yo y que era hora de echar la llave al trastero.
Por ti levanté todo un lienzo de mi muralla, pero supimos bajar un escalón sin despeñarnos mutuamente y hoy revoloteamos de cuando en cuando por la vida del otro como dos amigos más. Siempre gracias.
            
        Y luego llegaste tú, como un calco del anterior, pero con consecuencias diferentes. Por ti, Lisboa siempre será ese lugar donde fui feliz y al que siempre deberé volver. Pero te topaste con un yo más fortificado, capaz de ver más lejos en el horizonte lo que se aproximaba. Te fuiste como viniste y repito que si en esta mañana a solas revoloteas de nuevo en mi memoria, es porque tu buen recuerdo sigue intacto.

        Después de ti, casi la nada. El impacto de las circunstancias, las conversaciones con Peter Pan, las calabazas ya abandonadas en el trastero. Otras mariposas llegaron y se esfumaron mientras la muralla de mi conformismo crecía. Así completé mi puzzle y es por eso que ya ni hago guardia por si más mariposas se aproximaran desde el horizonte.

        Y a ti, mariposa blanca e inocente que acampaste a mis puertas, una vez más, lo siento y una vez más, gracias.
        Aunque el futuro no esté escrito ni los caminos andados, mi historia con los amores fueron como esta ruta de hoy, que comenzó bonita y fresca y acabó apartándose para convertirse en una línea recta sin refugio bajo el sol.
La elegí yo, me eligió a mí. Sea como fuere la disfruto sin lamento, es la mejor manera de no perder la vida.

            Alhandra - Azambuja

domingo, 26 de abril de 2026

Caminando con... un buen hombre

 

        Bon día buen hombre. Sí, jeje, tengo que empezar a practicar lo que pueda para lo que me espera en estos días.
Disculpa que te haya traído tan lejos de casa, pero ya que te acabas de marchar era preferible conversar contigo cuanto antes, con mi cariño a flor de piel. No te preocupes, la etapa será sencilla, toda llana, y bonita, siguiendo el río. Si lo necesitas paramos y vamos más despacio. Ah, claro, que ya no necesitas el bastón y el cuerpo ya no pesa. Al fin y al cabo eres producto de mi imaginación y mi recuerdo, puedo pensarte como quiera.
        Ya se que vamos río arriba y tú hace muy poco que acabas de hacer el camino contrario, ya sabes, eso de que la vida son ríos que van a dar a la mar, pero no te retendré mucho si no quieres. Lo justo para despedirme y quedarme en paz contigo. Necesito hacerlo, no por tu hija, sino por mí. Así de marcada fue la huella que dejaste en mí. Te conocí brevemente, pero lo suficiente.
Será porque mi viejo se me fue antes de que pudiera salvar la distancia con él, será porque he crecido lo suficiente, pero ahora aprecio la oportunidad de conversar con los mayores, ya sea con una taza de café mañanero en mitad de la Argentina, ya sea entre los riachuelos de lluvia y papelillos que se escapan por los adoquines de Cádiz. Gracias por tus preguntas, por tu inquietud por conocer las historias de Cádiz, por compartir conmigo.
        Has sido un buen hombre, seguro que lo sabes, y seguirás siéndolo mientras tu recuerdo no se esfume en la memoria de los que te conocimos, brevemente pero suficiente. Has sido un buen hombre. Conozco a tus hijas, no necesito más.
No te preocupes por ellas ni tampoco por ella, están bien rodeadas y abrigadas. Les costará, por supuesto, los buenos hombres y mujeres dejáis un vacío que no es fácil de llenar para poder continuar. Ese es un camino que cada cual debe hacer a su manera, respetando sus tiempos.
El mío es este, conversando contigo junto a un río con rumor a fado, cantando siempre aquello de “no llores porque me fuí, alégrate por lo que fuí”. Un buen hombre.
        Ya te dejo marchar en dirección contraria, después de estos años de resiliencia ve a descansar con los tuyos.
Cuando a mí me toque, después de instalarme en la Eternidad inventada que tengo para los míos, iré a buscarte a la tuya y conversaremos de lo que aquí está por suceder. Bon día buen hombre e bon Caminho.
 
Lisboa - Alhandra