domingo, 3 de mayo de 2026

Caminando con... mi madre

             En este descanso de mi camino te pienso porque sé que no estarás bien ante mi prolongada ausencia. Soy consciente de que puse tierra de por medio tras mi última visita. Me duele hacerlo, pero lo necesito. No te sientas culpable ni responsable, te prometo que no es por ti, pero ya no me siento en casa cuando vuelvo y eso también duele. 
Mi vida está ocurriendo lejos al igual que tu vejez, no soy yo el único que se está perdiendo momentos. Este Mahoma seguirá volviendo porque sabe que la montaña jamás se moverá en la dirección opuesta. No es un reproche, es la realidad y siempre la comprendí.
        Seguiré volviendo porque te sigo amando, mi lugar más seguro del mundo, el descanso en mi camino. Pero somos hijos de tiempos muy distantes entre sí, y yo padre de una decisión que me abrió un mundo más allá del continente de nuestra bahía.
Seguiré volviendo para recuperarme junto a ti, aunque te sepa a poco. Para no perderme tu cuarto menguante, aunque te parezca tarde. Para quedarnos tranquilos los dos cada vez que cruce el umbral de la puerta.
Seguiré volviendo viejita mía, aunque no pueda garantizar ya alegrías pasadas pero sí la motivación de tenernos una vez más. 
Seguiré volviendo para domesticar al elefante en la habitación del que nadie habla pero en el que todos pensamos. Seguiré volviendo porque el cordón umbilical jamás se cortó. Seguiré volviendo porque nunca dejaré de amarte, porque nunca dejaré de cantarlo.

                       "Gaditano es el que cuando la marea
                   se lo lleva lejos de nuestra ciudad,
                   donde esté una bandera siempre ondea
                   y seguro que algún día volverá”.
 

        Santarem.

sábado, 2 de mayo de 2026

Caminando con... mis amores

        La mañana comenzó bonita, fresca, ni temprano ni tarde, con un paseo siguiendo el Tejo, como una prolongación del sendero de ayer. Pero poco a poco se ha vuelto monótona, aburrida, apartándose del agua y ofreciendo solo una línea recta sin refugio del sol.

        Solamente algunas mariposas cruzando de lado a lado mi trayectoria ponen algo de interés a esta intemperie anodina. Mariposas. Curioso. Las mismas que ya no entran más en mi estómago. Y este simple pensamiento me lleva a la imagen de las mariposas que un día salieron de mi estómago con nombres y apellidos para no entrar nunca más.
Si mi imaginación las deja revolotear a mi alrededor y las materializa en aquellas mujeres que amé, es porque sigo guardando un buen recuerdo de ellas. No se puede obligar a nadie a amar, va contra el principio propio de ese sentimiento.

        “El primer amor no siempre llega el primero” y menos aún si el miedo al rechazo te impide abrir la boca, mi morena adolescente. No me arrepiento de las tonterías de enamorado primerizo que llegué a hacer por ti, en secreto y sigiloso por supuesto. Que nadie se entere que el niño anda queriendo, que nadie se entere que el Antoñito está por menganita.
No me arrepiento, cualquiera pasa por eso y el atreverse o no, no tiene que ser determinante de nuestro destino. Hasta lo que no sucede, sucede por algo, y así nuestra personalidad se va desarrollando de una manera u otra, como los pasos que voy dando en este sendero de línea recta y desnivel cero.
¿Quién sabe qué hubiera ocurrido si te hubiera hablado de lo que sentía? ¿Quién sabe dónde estaríamos si hubieras dicho que sí? Ya da igual, todo quedó en el terreno de la ficción y los sueños, que se quedan atrás en el camino cuando te das cuenta que la ruta te guarda escenas iguales o más importantes.
Pasaron los años y una noche de buenas a primeras me topé contigo. Nuestras vidas eran tan diferentes a las que nuestros adolescentes habían pensado. Yo, gaditano hasta la médula pero fuera del país. Tú, madre soltera desde poco tiempo después de cerrar la adolescencia. Nuestras esencias no habían cambiado, nuestras circunstancias lo hicieron. Nunca leerás esto y no creo que yo necesite volver a escribir sobre ti. Siempre serás un lindo recuerdo.

        Y tú, la primera calabaza en mi trastero, la primera por la que me atreví. Nuestra amistad perduró hasta que la dejamos apagarse tras mi marcha, pero fuimos maduros para no arruinarlo todo antes. Tú encontraste lo que querías, supongo, y desde entonces, la nada. La primera piedra en mi muralla.

        Mariposa de alas verdemar, como eran tus ojos, la única que tras escapar de mis adentros se quedó revoloteando en mi camino. La primera que, durante un breve tiempo, aceptó ser la pieza que le faltaba a mi puzzle. Pasaría un tiempo, pasaría mi joven piel intensa, para darme cuenta de que mi puzzle lo completo sólo yo y que era hora de echar la llave al trastero.
Por ti levanté todo un lienzo de mi muralla, pero supimos bajar un escalón sin despeñarnos mutuamente y hoy revoloteamos de cuando en cuando por la vida del otro como dos amigos más. Siempre gracias.
            
        Y luego llegaste tú, como un calco del anterior, pero con consecuencias diferentes. Por ti, Lisboa siempre será ese lugar donde fui feliz y al que siempre deberé volver. Pero te topaste con un yo más fortificado, capaz de ver más lejos en el horizonte lo que se aproximaba. Te fuiste como viniste y repito que si en esta mañana a solas revoloteas de nuevo en mi memoria, es porque tu buen recuerdo sigue intacto.

        Después de ti, casi la nada. El impacto de las circunstancias, las conversaciones con Peter Pan, las calabazas ya abandonadas en el trastero. Otras mariposas llegaron y se esfumaron mientras la muralla de mi conformismo crecía. Así completé mi puzzle y es por eso que ya ni hago guardia por si más mariposas se aproximaran desde el horizonte.

        Y a ti, mariposa blanca e inocente que acampaste a mis puertas, una vez más, lo siento y una vez más, gracias.
        Aunque el futuro no esté escrito ni los caminos andados, mi historia con los amores fueron como esta ruta de hoy, que comenzó bonita y fresca y acabó apartándose para convertirse en una línea recta sin refugio bajo el sol.
La elegí yo, me eligió a mí. Sea como fuere la disfruto sin lamento, es la mejor manera de no perder la vida.

            Alhandra - Azambuja

domingo, 26 de abril de 2026

Caminando con... un buen hombre

 

        Bon día buen hombre. Sí, jeje, tengo que empezar a practicar lo que pueda para lo que me espera en estos días.
Disculpa que te haya traído tan lejos de casa, pero ya que te acabas de marchar era preferible conversar contigo cuanto antes, con mi cariño a flor de piel. No te preocupes, la etapa será sencilla, toda llana, y bonita, siguiendo el río. Si lo necesitas paramos y vamos más despacio. Ah, claro, que ya no necesitas el bastón y el cuerpo ya no pesa. Al fin y al cabo eres producto de mi imaginación y mi recuerdo, puedo pensarte como quiera.
        Ya se que vamos río arriba y tú hace muy poco que acabas de hacer el camino contrario, ya sabes, eso de que la vida son ríos que van a dar a la mar, pero no te retendré mucho si no quieres. Lo justo para despedirme y quedarme en paz contigo. Necesito hacerlo, no por tu hija, sino por mí. Así de marcada fue la huella que dejaste en mí. Te conocí brevemente, pero lo suficiente.
Será porque mi viejo se me fue antes de que pudiera salvar la distancia con él, será porque he crecido lo suficiente, pero ahora aprecio la oportunidad de conversar con los mayores, ya sea con una taza de café mañanero en mitad de la Argentina, ya sea entre los riachuelos de lluvia y papelillos que se escapan por los adoquines de Cádiz. Gracias por tus preguntas, por tu inquietud por conocer las historias de Cádiz, por compartir conmigo.
        Has sido un buen hombre, seguro que lo sabes, y seguirás siéndolo mientras tu recuerdo no se esfume en la memoria de los que te conocimos, brevemente pero suficiente. Has sido un buen hombre. Conozco a tus hijas, no necesito más.
No te preocupes por ellas ni tampoco por ella, están bien rodeadas y abrigadas. Les costará, por supuesto, los buenos hombres y mujeres dejáis un vacío que no es fácil de llenar para poder continuar. Ese es un camino que cada cual debe hacer a su manera, respetando sus tiempos.
El mío es este, conversando contigo junto a un río con rumor a fado, cantando siempre aquello de “no llores porque me fuí, alégrate por lo que fuí”. Un buen hombre.
        Ya te dejo marchar en dirección contraria, después de estos años de resiliencia ve a descansar con los tuyos.
Cuando a mí me toque, después de instalarme en la Eternidad inventada que tengo para los míos, iré a buscarte a la tuya y conversaremos de lo que aquí está por suceder. Bon día buen hombre e bon Caminho.
 
Lisboa - Alhandra

sábado, 25 de abril de 2026

Primer paso

 

        Vuelvo después de mucho tiempo, siempre es demasiado tiempo cuando no se encuentra una salida. Agua estancada crea mala vida, tinta reseca no libera.
Pero vuelvo en el espacio preciso, apartado de todo y de todos. Vuelvo al silencio para hablarme, para escucharme, para no perderme, para sosegarme. Para desnudarme.

        Siendo sincero, cuando finalmente abro este cuaderno es al final del viaje, del camino. Pero sí que comencé a escribir desde el primer paso, quizás incluso desde antes, cuando las luciérnagas empezaron poco a poco a iluminar las galerías de esta mina llamada mente. “Lucecita, lucecita, vuela libre, vuela alto”.
Una escultura no comienza con el primer golpe de cincel, una pintura no comienza con el primer trazo de un pincel. Así, mis sentimientos y pensamientos garabateados con tinta son fruto de mis luciérnagas de cada mañana con la banda sonora de mis pasos desde Lisboa hasta Oporto. La alquimia del arte precisa del alambique de la imaginación y la amalgama de emociones y recuerdos que llevo dentro se materializarán ahora, pero se gestó en el espacio preciso al que deseaba volver, en el silencio por el que deseaba caminar.

        Lisboa

 

sábado, 6 de septiembre de 2025

Estación Central Vida. Junio 2017

             Ya son varios meses sin escribir nada pero quería volver a compartir alguna de mis historias, aunque ya tengan su tiempo. Espero reactivarme pronto para seguir escribiendo y compartiendo. Por lo pronto, espero que esto os guste. Gracias por leerme.


Estación Central Vida


+ Despierta corazón, que ya amanece.

- Mmmm al corazón no lo metas en esto, eres tu la que me abre el día. Ven, dame un beso que me ayude a levantarme.

+ Jajaja mira que eres...

- ¿Encantador?¿cariñoso?¿divertido?¿dulce?¿niño?

+ Payaso jajaja. Eso es lo que eres y de eso vives, así que menos cháchara que el tiempo corre. Yo también tengo que trabajar.

- Vaaale, pero ayúdame a pintarme antes.

Así a la cuenta de tres se incorporó sobre la mitad caliente de su colchón, rehusando por un momento la luz del alba que despuntaba y esperando la orden de su compañera para iniciar el ritual de cada día.

+ Aquí, frente al espejo. ¿Qué colores quieres hoy?

- Los mismos de ayer.

+ ¿Otra vez? Cariño, ya casi no te queda gris.¿Por qué no empiezas el verde? Mira, así, alrededor de los ojos, que te avive la vista.

- Nena no empieces de nuevo por favor, los mismos de ayer ¿vale? ¿Qué más te da? Además si el gris siempre me lo puedes conseguir tú y el verde está caro, lo sabes. No estoy sacando mucho últimamente y tu trabajas de voluntaria, habrá que llegar a fin de mes de alguna manera. Y la caravana necesita algunos arreglos, la puerta está desvencijada y no cierra.

+ Está bien, está bien, tienes razón. Pero antes de pensar en arreglar la puerta para que cierre preocúpate mejor de arreglar las ventanas para que abran, aquí dentro el aire ya está viciado.

- Podrían entrar ladrones de nuevo.

+ No todas las personas son ladrones.

- Pero sí todos los ladrones son personas.

+ Cielo, vivimos muy lejos de todo, por aquí ya no pasa nadie.

- Por aquí ya no pasa nadie.

Murmurando como un eco esa última frase y agachando las orejas decidió guardar silencio y dejar hacer a su compañera, abstrayéndose de todo mientras la calma se apoderaba del ambiente en la caravana.

+ Bueno, creo que ya está, mírate. Poco más puedo hacer con los colores que quieres.

- Está bien así cariño, espero que mi estimado público de hoy sepa apreciar tu esfuerzo. Tienes un don para maquillar.

+ Qué remedio, nací para esto.

- Ufff sí, hace ya ¿cuánto? ¿cien siglos? jajaja. Un comentario casual pero que encerraba un objetivo.

+ Eh tú, mucho cuidado, sabes que a una señora como yo no se le menciona la edad. Granuja. Una reacción a la medida de lo que esperaba.

- Vamos, cogeré mis bártulos, tenemos que salir.

Una sonrisa sin más que celebraba el objetivo de espantar cualquier tristeza que sobrevolara a su compañera.

¿Me acompañarás hoy también hasta la estación?

+ Si, hoy tengo turno en el embarcadero. Me entran escalofríos solo de pensar que el farol pueda aparecer encendido de pronto entre la niebla.

- Para eso también naciste con un don hace cien siglos.

+ Una eternidad más bien, no me lo recuerdes. Bueno, cambiemos de tema por el camino, ¿no te apetece cantar?

- Si es contigo, sabes que sí.

Se tomaron un segundo para guardar la frescura de la mañana al abrir la puerta de su penumbrosa caravana y otro más al agarrarse de la mano para no caer en el error común de mecanizar un gesto capaz de unirlos tan fuertemente. Dieron un paso, otro paso y empezaron su acostumbrado concierto matinal con la complicidad compartida ante cada verso. Así, hasta llegar al mismo lugar donde cada día separaban sus manos para iniciar sus tareas. Ella a su embarcadero a esperar y cuidar, con su uniforme de enfermera bien planchado. Él con los trastos que todo payaso precisa para su espectáculo.

- Bueno mi niña, nos encontraremos al atardecer por el camino. Deséame suerte para hoy.

+ No la necesitas tonto. Colócate bien la nariz.

- Creéme que sí. Más con el día que hace.

+ A juego con tus pinturas.

- Anda, saluda al barquero de mi parte y no trabajes mucho.

+ Ojalá así sea y tú encandílalos a todos, artesano de la sonrisa.

Ella le besó como siempre, con el deseo de que fuera una despedida, él últimamente no la besaba igual, se embriagaba de su silueta de mujer pero no queria perderla de vista.

- "ESTACIÓN CENTRAL VIDA" Ay, allá vamos.

Un colosal edificio de cemento, piedra, hormigón y cualquier material de suficiente dureza era la Estación Central Vida. Un gigantesco lienzo blanco poliforme desde el suelo hasta el techo, por dentro y por fuera, con una cubierta acristalada más o menos preciosa según cómo despertara el cielo. Ciertamente su compañera tenía razón al comparar sus colores grises con las nubes que recién llegaban esa mañana.

Nada más cruzar la puerta podía ver a lo lejos su pequeño escenario en una posición central privilegiada, una piedra de un metro cuadrado erosionada, de reconocible forma, que se levantaba solo un palmo sobre el suelo, lo suficiente para que en un buen día los curiosos que se amontonaran pudieran disfrutar de su espectáculo aún desde la cuarta fila. Se encaminó hacia su rinconcito sin desviar sus ojos de aquella piedra, recordando grandes sesiones en las que la blancura del lugar se tornaba en acuarelas, pero sin olvidar los días insípidos recientes que estaba experimentando.

Así empezaba su jornada, oteando sobre su atalaya un bullicio que pasaba de largo, abriendo sus brazos como el telón que anuncia el comienzo del show. Una niña sin consuelo con su muñeca rota no deja de llorar, unos recién casados que aman más que respiran, un mendigo despertando entre sus escombros, unos ojos conversando tras el velo humeante de un café, un viejo sentado solo en un banco, unos hermanos siameses, una estudiante con el puño en alto, un coro de carcajadas cerrando un círculo, un matrimonio con dos copas de vino a la luz de las velas que encendió su dragón, una paloma de un color especial provocando terremotos cual mariposa con su aleteo, una pareja buscando el tren correcto al que subir, una maleta que corre más que su dueña, unos equilibristas con los pies en la tierra, una loca dejando un tango sin acabar, un poema que se entretiene a la espera de que aparezca su mago. Un payaso sin chistera que así como empezó, así acabó su jornada, oteando sobre su atalaya un bullicio que pasó de largo.

Bajó del escenario con la sonrisa pintada, contó la recaudación sentado en su piedra, terminó de recoger y apretó el paso hacia la salida que le acercara de una vez a su compañera.

Acabó tomando un descanso a la sombra de un árbol y contemplando el campo de margaritas, blancas, completas, indecisas, azarosas. Justo cuando cedía al pensamiento de arrancar una, una voz apareció de pronto y unas manos le taparon los ojos.

+ ¿Quién soy? Sí, su compañera, justo a tiempo para salvarle.

- Mi único público al parecer.

+ Ey, ¿qué te pasa? ¿otro mal día?

- Así es.

+ No tienes muchas ganas de hablar ¿verdad?

- No tengo mucho que contarte mi vida.

+ Eh, no me llames así, ya sabes que no me gusta, no soy tu vida.

- Perdona, se me escapó.

+ Vamos, nene, anímate, cuéntame tus historias de hoy, ya sabes que me encantan.

- Nada interesante, la recaudación fue pésima un día más.

+ Va, va, no te preocupes por eso ahora, siempre salimos adelante. A ver, háblame de tu público de hoy, ¿alguien nuevo?

- Eeeh no, nadie nuevo. Ya te hablé de aquella última chica, ahora siempre se detiene un buen rato para escuchar, diría que disfruta del espectáculo. Es de las pocas que ahora parece convertirse en fieles espectadores, pero ya sabes cómo funciona esto, mañana quizás vuelva a aparecer, quizás no.

+ Entonces, don triste, no te preocupes hasta mañana de eso.

- Si, ya lo sé, consejitos vendo que para mí no tengo. Al menos de ti no tengo dudas de que volveré a verte al despertar.

+ Soy yo quien puede tener dudas de ti, te lo recuerdo. Pero no entremos en eso, no es un reproche, lo sabes ¿verdad, mi niño?

- Si, lo sé, y si lo fuera tendrías todo el derecho.

+ Nunca fue ese mi cometido y menos con estos atardeceres.

- Atardecer desapercibido si no estuvieras tú para compartirlo.

+ Cuidado payaso zalamero, no te enamores de quien no debes. Cuéntame más, cuéntame más.

- Jaja, tú, hierro y seda. Mmmm ya sabes, idas y venidas todo el día, transeúntes, ambulantes, gente de paso, errantes. Llámalos como quieras. Algunos iban con demasiada prisa como para darme una simple sonrisa, otros sí se quedaron durante horas, pero siempre pendientes del reloj, de encontrar el andén de sus propios trenes o simplemente buscaron otro espéctaculo.

+ Bueno, no eres nuevo en esto cariño, trabajas en una estación, tú mismo lo has dicho, transeúntes, gente de paso.

- Será por eso que te admiro tanto, porque tú nunca estás de paso. De nuevo faltó hoy aquel grupito de amigos que acudía todos los días. Aquel grupo de chavales que solían venir a todas las sesiones, ahora ya solo aparecen muy de vez en cuando. Los suelo ver merodeando por la estación, pero cada uno por su lado, hoy por ejemplo vi a uno de ellos pero al fondo sentado en la cafetería, con alguien nuevo.

+ Bueno, al menos no se han ido del todo, seguro que volverán, o quizás seas tú el que debe volver, reconoce que cuando te pintabas de colores tu repertorio atraía a más público.¿Qué hay de aquella linda pareja que siempre te pedían otra y otra? ¿También ellos han dejado de pasar por allí?

- No, no, jajaj, ellos no, siguen siendo unos incondicionales.

+ ¿Ves como no está tan mal? Seguro que aquella chica, que, te recuerdo, don triste, pensabas que solo estaba de paso, sigue viendo y escuchando lo que tienes que contar. ¿O me equivoco?

- No, no te equivocas, sigue pasando por allí con su maleta grande, pero ya no hace escalas tan largas como antes, aparece y desaparece. Cada vez hay más huecos vacíos en mi rincón y el sombrero ya no rebosa como antes.

+ Volverá a rebosar, ya verás, no es la primera vez que pasamos penurias y siempre las soportamos mejor entre los dos. ¿Por qué ahora iba a ser diferente?

- Porque la inspiración se me está yendo en cada maleta.

+ Empiezas a cuestionarte si tales fines merecen tales medios, a preguntarte ¿para qué, verdad? Tu siempre acabas encontrando la respuesta necesaria, para bien o para mal.

- Para bien o para mal.

+ Y... ¿también estaba...?

- Sí, también, pero ya me ves, yo aquí contigo un atardecer más frente a las margaritas. No tienes que preocuparte, ya te lo dije, el espectáculo debe continuar ¿verdad?

+ Así es, aunque estaría bien que te lo creyeras.

- Tenerle fe a las palabras nunca fue lo mío, a menudo son tan pasajeras como la vida en la estación.

+ Así como pasajeras son las musas que siempre inspiraron tu espectáculo.

- A menos que encuentre una musa sin equipaje ni tren y ya sabes de quién hablo.

+ Sí, de tu respuesta necesaria, para bien o para mal, tú también debes saber de quién hablas. Tanto maquillaje gris, tanta canción meláncolica, tan poca comedia. Ojalá pudiera tener propia voluntad para desaparecer y solo volver a encontrarnos de nuevo en la barca cuando llegue el momento.

- Por ese deseo tan arduo eres lo que eres y me inspiras como ya no lo hace nadie, nada.

+ Es al revés cariño, ya no te inspira nadie, nada y al final de la jornada ahí me encuentras. Tu respuesta necesaria, recuerda. No me ofende serlo, que no te avergüence a ti admitirlo. Asumo mi papel.

- Ay, ¿te casas conmigo?

+ Jajajaja no. Yo no me caso con nadie porque nadie debe casarse conmigo. Tú puedes seguir pintándote de gris, pero tarde o temprano las musas aparecerán de nuevo entre el público para colorearte y yo estaré encantada de cederles el puesto. Necesito un descanso de ti jajajaj.

- Eyyy ¿serás...?

Ella también sabía jugar a su mismo juego y echó a correr con su risa infantil para que le persiguiera camino arriba, que a la alegría pura no hay tristeza que le aguante el ritmo.

- ¡Te cacé! Gritó él muerto de risa cruzando la meta de su cintura.

+ Jajaja como la noche nos ha cazado, pero menos mal que ya hemos llegado. Encenderé una fogata y cenaremos, pero fuera de la caravana por favor, ¿te apetece? Dime que sí anda, dame ese capricho. Cantaremos y bailaremos ¿sí?

- Sí, tan vieja y tan niña. ¿Me concede el siguiente valls, madame?

+ Jajaja payaso incorregible.

- Laira laraila laraila laira lalaralá...

+ Jajaja paraaa jajaja ¡todo me da vueltas! jajaja.

- Al menos que siga habiendo un mundo que gire alrededor de un sol.

+ Hay más soles que pueden calentar más que yo.

- ¿Sí? Ahora sólo percibo el calor de esa fogata, y la encendiste tú.

+ Ay, me arruinas los argumentos. ¿Qué voy a hacer contigo?

- Bailar. Lará lará laralalá lará lará laralalá...

+ Nooo jajaja paraaa. Te iluminaste de colores y luego te empeñas en pintarte de gris. No te entiendo.

- Ven, sentémonos a cenar. Mira, coge la bolsa, ¿lo entiendes ahora? Ligera, vacía, ya no rebosa como antes y si no rebosa, no alimenta. Y sí, será falta de inspiración, pero saberlo no trae a la musa de vuelta.

+ Cierto, sólo se transforma en mí una vez más.

- Bien sabes cuánto me avergüenzo por ello.

+ "Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te cambiaría por cualquiera, te engañaría con cualquiera..." Canturreó ella anestesiando con su sonrisa en lo posible para que no doliera.

Es vuestra condición de hombre y yo lo acepto. Avergonzarte por ello me halaga y te dignifica, porque pocos hubo que me trataran con tanto respeto. Es por eso que no quiero ser tu musa, te mereces a alguien mejor.

- Jeje, ¿quién mejor que tú, que eres capaz de tal sacrificio?

+ Alguien que no sea tu respuesta necesaria, alguien que sea el fin y el medio por el que eres tú quien se sacrifica, ese sacrificio que un día te sacó los colores...

- Y a la noche me devolvieron a tí, sin color ninguno.

+ Ufff. Le desesperaba cuando él usaba su mismo anestésico.

Se acercó a ella por la espalda para abrazarla rodeándola por la cintura, era como un niño aferrado a su peluche. La meció con el vaivén del valls y usó su voz más conciliadora.

- Cariño, no le des más vueltas que las que yo mismo le doy, considéralo un empate técnico, los dos tenemos razón, los dos entendemos que el otro tiene razón.

+ Sí pero...

- Lo sé, lo sé, no hace falta que termines la frase, tú no naciste para ser la musa de ningún payaso ni para hacer el amor al ritmo de un valls ni para vivir en mi caravana, lo sé. Tú naciste para acompañarme en la barca cuando el farol atraviese la niebla, lo sé, lo sabemos. Aunque muera contigo yo solamente te pido que no me abandones.

+ Mañana tu público volverá a rebosar el sombrero, mañana volverán las musas a tu espectáculo, mañana volverás a pedirme que te maquille de colores.

- Siempre vuelven, tan inesperadamente pero como habia esperado vuelven. Mañana volveré a creerte entonces. Pero mientras tanto no me niegues este baile, que no soy ninguna Penélope para tejer la espera con palabras y el campo sigue inmaculado de margaritas. ¿Acaso no es mejor dormir abrazado a tí que ir a buscarte al embarcadero?

+ Supongo que es mejor ser tu respuesta necesaria a que no tengas ninguna. Apagaré el fuego, que el sereno ya encendió sus velas.

- Dormiremos a la intemperie, que por aquí ya no pasa nadie.

Se admiraron de nuevo por última vez hasta que él rompió el silencio.

- Ciérrame la noche con un beso, igual que me abriste el día.

+ Serás...

- Payaso.

sábado, 17 de mayo de 2025

De acantilados, vorágines y caminos

        Inspirado en mi último viaje y con todo el respeto y cariño para esas personas que sufren lo que yo solo puedo imaginar. 
Gracias por leerme.


De acantilados, vorágines y caminos

        He perdido la noción del tiempo que llevo aquí parado, pero se que no es poco. El picor caliente que el sol me está provocando en la nuca me lo indica. Se que venía de allí y que me dirigía hacia allá. Se que me detuve aquí para fotografiar lo que contemplo acá. 
Lo que no se es dónde se ha metido todo el mundo, todos los que dejé atrás antes de esta última subida, que no fueron pocos. Ni tampoco logro entender la pesadez extrema sobre mis hombros, si la mochila descansa sobre el manto vegetal de la duna donde me apoyo.

    Esto no me gusta, esto no está bien. El mar de zafiro en calma que tengo capturado en mi cámara ya no es el mismo. Se ha embravecido hasta opacarse, castigando impunemente a las rocas allá abajo. Esto no está bien. Y yo ofuscado, a salvo aquí arriba pero sin estarlo, con un descontrol que me controla, un sudor que la brisa no barre, un aire que rehúsa entrar en mí. Esto no me gusta. Para ya de repetir eso joder. Necesitas calmarte y respirar paso a paso. Veo tiburones ahí abajo saltando desquiciados. No, no pueden ser de verdad.

    Alguien viene por la derecha, una pareja. No puedo pedirles ayuda, mi pecho tiene atrapada mi voz. Ya se acercan, ya están aquí. Pero... ¿esto qué es? ¿No me ven? Pasan de largo delante de mis narices. Con un dolor en el pecho que me constriñe hasta el brazo al lanzarlo contra su desplante, la chica, solamente la chica, se desvanece como un remolino de esta arena rojiza.
Esto no me gusta. Y él... continúa el camino... ¿sin inmutarse? Esto no está bien.
Ahí abajo las bestias me esperan y lo que resuena por encima del látigo sobre las rocas es un martillo frenético en mi costillar.

    Risas. Infantiles. Ahora una familia, pero ¿de dónde han salido?
Tienen que ayudarme, por favor, por favor. ¡¡Nooo!!
Mujer y niño han volado como plumas directos a partirse el espinazo contra las rocas. Los tiburones se sirven a su antojo. Y una vez más el hombre continúa como si nada.

    Agua, necesito agua. Tengo la lengua como un zapato pero no reacciono. Miro a mis brazos inquisitivamente para obligarlos a cumplir una orden que parece no llegarles en mitad de esta vorágine sin sentido. A cámara lenta los veo moverse y a unos pasos aparece un hombre mayor que envejece, se encorva y pierde luz a medida que se acerca.
Cuando a su velocidad de penitente pasa frente a mí, se gira sin detenerse para mirarme frente a frente. Me reconozco en él debajo de su decrepitud y cuando él reconoce en mí el escalofrío del miedo al borde del acantilado, me sonríe, se yergue y alegra el paso hacia donde yo me dirigía.

    Mi mirada atónita e inmóvil centrada en este personaje parece ir desagüando el ruido de mi cabeza. En alguna parte dentro de ella, muy al fondo, algo se hizo fuerte, más que yo. Ahora que el mar vuelve a ser zafiro y mi pecho se desentumece, ahora que el aire entra y el sonido sale, ahora le encuentro el sentido a la vorágine. El pánico a lo que venía y ya no vendrá, la ansiedad por lo que sí lo hará.
Y mientras, el murmullo enfrascado de la música en mis cascos que cuelgan no se paró. Suena, bendita ironía, "Miedo" de Izal. Sonrío, levanto la mochila sobre mi espalda, miro el camino que me queda por delante y voy en busca de aquel viejo alegre. Y canturreo.

"Se que te irás en el mismo momento en que deje de pensarte..."

sábado, 19 de abril de 2025

Nos veremos en la siega (I)

    Vuelvo, para variar, después de un tiempo, pero vuelvo con algo diferente a lo que estoy acostumbrado. Salgo de mi zona de comfort para ver cómo me sentía escribiendo en primera persona dándole voz a los personajes. Eso y que por primera vez la historia será en capítulos.
Bueno, como siempre digo, espero que os guste y gracias por leerme.


Nos veremos en la siega (I)

        Con la ventanilla del coche subida hasta el tope voy mirando entusiasmado el paisaje de este lado de la carretera, que aunque solo sean colores de la tierra con matorrales y algunos árboles, es mi favorito, porque vamos al pueblo.
Estoy deseando llegar y darle un abrazo a mis abuelos y marcharme corriendo a la plaza a jugar con mis amigos que no veo desde hace un año. Y también poder respirar, que aquí dentro me muero de calor, pero papá no me deja bajar la ventanilla, que dice que fuera hace más calor todavía que dentro.
Me llamo Alfonso y tengo diez años, aunque en el próximo mes y medio aquí seré el hijo del harinao.

Llevo dos minutos mareando la cuchara en el poco caldo que me queda en el plato, alerta para salir escopeteada cuando mi madre me de permiso para levantarme de la mesa y correr al bar de mi tita y que nos de un poloflash de cola a mí y a mi prima, antes de que lleguen las otras para jugar toda la tarde buscando la sombra en la plaza de la iglesia.
Me llamo Mariela. Bueno, María Elena, pero prefiero Mariela que suena menos a pueblo, que ya está lleno de Marías.

Alfonso: ¡Pasa, pasa! ¡Aquí! ¡¿Pero dónde vas?! Perdonad chicas, el verderón, que siempre se pasa de fuerza.
"Uy, ¿Y esta quién será? ¿Vendrá de la capital como yo? ¿De quién será? Ala, tiene una camiseta de los fraggle rock, qué guay".

Amigos¡Eeeeh harinaooo! ¡Saca ya o échala!

Mariela: Oye, ¿quién era ese? Nunca lo había visto.

Amiga: Ese, el harinao, vive en la capital y solo viene en verano, pero como tú antes lo pasabas en la finca. Es mono, ¿verdad? jijiji.

Mariela: No sé, supongo. Pero me gusta su camiseta de Naranjito jeje, es graciosa. Bueno, yo me voy antes de que me llame mi madre. Mañana quiero ir al río, ¿os apuntáis? Bueno, pues nada. Yo estaré por allí, por si al final queréis. Adiooos.


Alfonso: Hola.

Mariela: Ah, hola.

A¿Estás sola aquí? ¿Te molesta si me siento contigo?

M: Vale, está bien.

A: Y... ¿haces algo?

M: Sí, pensar.

A: Mmm vale. Y... ¿en qué piensas?

M: No sé, en cómo terminará el libro que me estoy leyendo, en dónde irá toda esa gente en ese avión que está pasando o de dónde vendrán. ¿Tú qué crees?

A: Yo... no sé, la verdad es que no me importa mucho. Yo prefiero mirar las plantas y pensar por qué son así o ver lo que hacen los bichos.

Era un lunes, un lunes como cualquier otro de un verano como otro cualquiera, a la vera del riachuelo que bordeaba las primeras casas a la entrada del pueblo, con un sol aún en calma y una brisa inexistente que no le plantaría cara cuando decidiera abrasar la tarde. 
Era un lunes de un verano que para Alfonso y Mariela ya no sería como cualquier otro. Ni lo sería el martes, ni el miércoles, ni ningún otro día de aquellas vacaciones en las que se convertirían en inseparables, aprendiendo uno del otro, contándose cosas de la ciudad y cosas del pueblo, apoyándose mutuamente para soportar las burlas de los demás niños. Todo un bucle de complicidades infantiles que parecía no tener fin, hasta "las Fiestas de la siega".

A¿Pero dónde estará? Si están todas... ah mírala jaja dando la nota. ¡Eh! ¡Para, para de bailar! Tengo que contarte, ha pasado algo.

M¡¿Qué?! ¡No puedo oírte!

A¡Que tengo algo que! ¡Dame la mano, vamos fuera de la plaza! Menos mal, es imposible con esa música.

M: Pero qué dices, si es ¡Bowie! Let's dance para para parapap. Baila conmigo y quítate ya el sombrero de paja, que es la última noche.

A: Pues eso tenía que contarte, que sí que es la última noche. Nos vamos.

M: Pero si todavía quedan dos semanas para el colegio.

A: Lo sé, pero algo ha pasado en casa y mi madre ha empezado a hacer las maletas. Me he escapado para buscarte, nos marchamos ya. He escuchado a mi padre decir algo de que tiene que estar mañana temprano en el trabajo.

M: Jopé, me voy a aburrir mucho hasta septiembre. Te voy a echar de menos.

A: Y yo a ti, pero no estés triste. Seguro que no te aburres, tú siempre estás con tus libros, tus preguntas raras. Yo sí que me voy a aburrir fuera del pueblo. Supongo que ya no nos veremos hasta el verano que viene.

M: Dame tu dirección.

A: Pero si ya sabes dónde viven mis abuelos.

M: La de la ciudad tooonto. Así te podré escribir y tú a mí, si... quieres, claro. Prometo contarte cosas de las plantas y los pájaros y los insectos.

A: Pero no tengo para escribir.

M: Yo sí, toma.

A¿Y papel?

M: Mmmm... Trae, tu sombrero de la siega, escríbelo ahí. Te lo cuidareee tranquilo. Te lo devolveré para la próxima siega.

A: Buenos, pues... me voy.

M: A... adiós.

A: Hasta la próxima siega.

M: Sí, hasta la próxima siega.