Bon día buen hombre. Sí, jeje, tengo que
empezar a practicar lo que pueda para lo que me espera en estos días.
Disculpa que te haya traído tan lejos de casa, pero ya que te acabas de marchar era preferible conversar contigo cuanto antes, con mi cariño a flor de piel. No te preocupes, la etapa será sencilla, toda llana, y bonita, siguiendo el río. Si lo necesitas paramos y vamos más despacio. Ah, claro, que ya no necesitas el bastón y el cuerpo ya no pesa. Al fin y al cabo eres producto de mi imaginación y mi recuerdo, puedo pensarte como quiera.
Ya se que vamos río arriba y tú hace muy poco que acabas de hacer el camino contrario, ya sabes, eso de que la vida son ríos que van a dar a la mar, pero no te retendré mucho si no quieres. Lo justo para despedirme y quedarme en paz contigo. Necesito hacerlo, no por tu hija, sino por mí. Así de marcada fue la huella que dejaste en mí. Te conocí brevemente, pero lo suficiente.
Será porque mi viejo se me fue antes de que pudiera salvar la distancia con él, será porque he crecido lo suficiente, pero ahora aprecio la oportunidad de conversar con los mayores, ya sea con una taza de café mañanero en mitad de la Argentina, ya sea entre los riachuelos de lluvia y papelillos que se escapan por los adoquines de Cádiz. Gracias por tus preguntas, por tu inquietud por conocer las historias de Cádiz, por compartir conmigo.
Has sido un buen hombre, seguro que lo sabes, y seguirás siéndolo mientras tu recuerdo no se esfume en la memoria de los que te conocimos, brevemente pero suficiente. Has sido un buen hombre. Conozco a tus hijas, no necesito más.
No te preocupes por ellas ni tampoco por ella, están bien rodeadas y abrigadas. Les costará, por supuesto, los buenos hombres y mujeres dejáis un vacío que no es fácil de llenar para poder continuar. Ese es un camino que cada cual debe hacer a su manera, respetando sus tiempos.
El mío es este, conversando contigo junto a un río con rumor a fado, cantando siempre aquello de “no llores porque me fuí, alégrate por lo que fuí”. Un buen hombre.
Ya te dejo marchar en dirección contraria, después de estos años de resiliencia ve a descansar con los tuyos.
Cuando a mí me toque, después de instalarme en la Eternidad inventada que tengo para los míos, iré a buscarte a la tuya y conversaremos de lo que aquí está por suceder. Bon día buen hombre e bon Caminho.
Lisboa - Alhandra
Disculpa que te haya traído tan lejos de casa, pero ya que te acabas de marchar era preferible conversar contigo cuanto antes, con mi cariño a flor de piel. No te preocupes, la etapa será sencilla, toda llana, y bonita, siguiendo el río. Si lo necesitas paramos y vamos más despacio. Ah, claro, que ya no necesitas el bastón y el cuerpo ya no pesa. Al fin y al cabo eres producto de mi imaginación y mi recuerdo, puedo pensarte como quiera.
Ya se que vamos río arriba y tú hace muy poco que acabas de hacer el camino contrario, ya sabes, eso de que la vida son ríos que van a dar a la mar, pero no te retendré mucho si no quieres. Lo justo para despedirme y quedarme en paz contigo. Necesito hacerlo, no por tu hija, sino por mí. Así de marcada fue la huella que dejaste en mí. Te conocí brevemente, pero lo suficiente.
Será porque mi viejo se me fue antes de que pudiera salvar la distancia con él, será porque he crecido lo suficiente, pero ahora aprecio la oportunidad de conversar con los mayores, ya sea con una taza de café mañanero en mitad de la Argentina, ya sea entre los riachuelos de lluvia y papelillos que se escapan por los adoquines de Cádiz. Gracias por tus preguntas, por tu inquietud por conocer las historias de Cádiz, por compartir conmigo.
Has sido un buen hombre, seguro que lo sabes, y seguirás siéndolo mientras tu recuerdo no se esfume en la memoria de los que te conocimos, brevemente pero suficiente. Has sido un buen hombre. Conozco a tus hijas, no necesito más.
No te preocupes por ellas ni tampoco por ella, están bien rodeadas y abrigadas. Les costará, por supuesto, los buenos hombres y mujeres dejáis un vacío que no es fácil de llenar para poder continuar. Ese es un camino que cada cual debe hacer a su manera, respetando sus tiempos.
El mío es este, conversando contigo junto a un río con rumor a fado, cantando siempre aquello de “no llores porque me fuí, alégrate por lo que fuí”. Un buen hombre.
Ya te dejo marchar en dirección contraria, después de estos años de resiliencia ve a descansar con los tuyos.
Cuando a mí me toque, después de instalarme en la Eternidad inventada que tengo para los míos, iré a buscarte a la tuya y conversaremos de lo que aquí está por suceder. Bon día buen hombre e bon Caminho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario