La mañana comenzó bonita, fresca, ni temprano
ni tarde, con un paseo siguiendo el Tejo, como una prolongación del sendero de
ayer. Pero poco a poco se ha vuelto monótona, aburrida, apartándose del agua y ofreciendo
solo una línea recta sin refugio del sol.
Solamente algunas mariposas cruzando de lado a
lado mi trayectoria ponen algo de interés a esta intemperie anodina. Mariposas.
Curioso. Las mismas que ya no entran más en mi estómago. Y este simple
pensamiento me lleva a la imagen de las mariposas que un día salieron de mi estómago
con nombres y apellidos para no entrar nunca más.
Si mi imaginación las deja revolotear a mi
alrededor y las materializa en aquellas mujeres que amé, es porque sigo
guardando un buen recuerdo de ellas. No se puede obligar a nadie a amar, va
contra el principio propio de ese sentimiento.
“El
primer amor no siempre llega el primero” y menos aún si el miedo al rechazo te
impide abrir la boca, mi morena adolescente. No me arrepiento de las tonterías de
enamorado primerizo que llegué a hacer por ti, en secreto y sigiloso por
supuesto. Que nadie se entere que el niño anda queriendo, que nadie se entere
que el Antoñito está por menganita.
No me arrepiento, cualquiera pasa por eso y el
atreverse o no, no tiene que ser determinante de nuestro destino. Hasta lo que
no sucede, sucede por algo, y así nuestra personalidad se va desarrollando de
una manera u otra, como los pasos que voy dando en este sendero de línea recta
y desnivel cero.
¿Quién sabe qué hubiera ocurrido si te hubiera
hablado de lo que sentía? ¿Quién sabe dónde estaríamos si hubieras dicho que sí?
Ya da igual, todo quedó en el terreno de la ficción y los sueños, que se quedan
atrás en el camino cuando te das cuenta que la ruta te guarda escenas iguales o
más importantes.
Pasaron los años y una noche de buenas a
primeras me topé contigo. Nuestras vidas eran tan diferentes a las que nuestros
adolescentes habían pensado. Yo, gaditano hasta la médula pero fuera del país.
Tú, madre soltera desde poco tiempo después de cerrar la adolescencia. Nuestras
esencias no habían cambiado, nuestras circunstancias lo hicieron. Nunca leerás esto
y no creo que yo necesite volver a escribir sobre ti. Siempre serás un lindo
recuerdo.
Y
tú, la primera calabaza en mi trastero, la primera por la que me atreví.
Nuestra amistad perduró hasta que la dejamos apagarse tras mi marcha, pero
fuimos maduros para no arruinarlo todo antes. Tú encontraste lo que querías,
supongo, y desde entonces, la nada. La primera piedra en mi muralla.
Mariposa
de alas verdemar, como eran tus ojos, la única que tras escapar de mis adentros
se quedó revoloteando en mi camino. La primera que, durante un breve tiempo,
aceptó ser la pieza que le faltaba a mi puzzle. Pasaría un tiempo, pasaría mi
joven piel intensa, para darme cuenta de que mi puzzle lo completo sólo yo y
que era hora de echar la llave al trastero.
Por ti levanté todo un lienzo de mi muralla,
pero supimos bajar un escalón sin despeñarnos mutuamente y hoy revoloteamos de
cuando en cuando por la vida del otro como dos amigos más. Siempre gracias.
Y
luego llegaste tú, como un calco del anterior, pero con consecuencias
diferentes. Por ti, Lisboa siempre será ese lugar donde fui feliz y al que
siempre deberé volver. Pero te topaste con un yo más fortificado, capaz de ver más
lejos en el horizonte lo que se aproximaba. Te fuiste como viniste y repito que
si en esta mañana a solas revoloteas de nuevo en mi memoria, es porque tu buen
recuerdo sigue intacto.
Después
de ti, casi la nada. El impacto de las circunstancias, las conversaciones con
Peter Pan, las calabazas ya abandonadas en el trastero. Otras mariposas
llegaron y se esfumaron mientras la muralla de mi conformismo crecía. Así completé
mi puzzle y es por eso que ya ni hago guardia por si más mariposas se
aproximaran desde el horizonte.
Y
a ti, mariposa blanca e inocente que acampaste a mis puertas, una vez más, lo
siento y una vez más, gracias.
Aunque
el futuro no esté escrito ni los caminos andados, mi historia con los amores
fueron como esta ruta de hoy, que comenzó bonita y fresca y acabó apartándose para
convertirse en una línea recta sin refugio bajo el sol.
La elegí yo, me eligió a mí. Sea como fuere la
disfruto sin lamento, es la mejor manera de no perder la vida.
Alhandra
- Azambuja