Cuando los verdes y los terrosos aparecen maquillándose con la luz blanca de estas horas tempranas en estas latitudes, apareces tú siempre como un fauno. La naturaleza siempre te trae a mi memoria y quien sabe si es por eso que mi subconsciente me fue empujando a estas incursiones de silencio y tranquilidad para acercarme a ti de nuevo.
Los olores que lleva la brisa, las hechuras de los hombres del campo a los que saludo al pasar, me ayudan a enfocar un recuerdo más nítido de ti.
Así, de esta manera, llevo años compensando las conversaciones que no tuvimos pero que un día tendremos en nuestra Eternidad particular. Así, de esta manera, la espina de aquella noche supura menos. Pero dejémonos de tristezas, que la vida debe continuar y yo te traigo para ver el mundo juntos, para contarte cómo me va y para permanecer callados acompañándonos.
En todos estos años no he dejado de preguntarme cómo hubieran sido esos mismos si continuaras con nosotros, cómo hubieras envejecido junto a mamá, si los niños se habrían interesado por tus cosas, si los dos hablaríamos más sobre las malditas noticias de la tele, si veríamos películas antiguas juntos ahora que a mí me empiezan a interesar, qué palabras tendrías para mis decisiones, si la vejez se hubiera rendido a las emociones que nos cuesta sacar.
Todo es ficción, evidentemente, porque para ser imparcial también debería preguntarme qué hubiera pasado si hubieras sobrevivido a aquella noche pero con secuelas o si la desgracia nos hubiera derrotado años más tarde por mor de una enfermedad. Por suerte no fue así. Digo por suerte porque ya sabes cómo pienso al respecto.
Todo es ficción, y como es la mía, sigue caminando conmigo mientras te cuento cómo me va la vida por allí arriba, con toh suh avíoh.
Préstale tu voz a las hojas de estos eucaliptos para llevarme a aquellas historias tuyas de juventud. Tu voz que no se apaga, nada de ti se apaga porque sigo haciendo mi camino con la dignidad que me inculcaste, pisando la tierra y buscando el horizonte, agradeciendo la belleza de lo sencillo del paisaje, labrándome el día a día para que la conciencia duerma tranquila, sembrándote en mi imaginación para cosecharte en mi realidad diaria.
Regresa tranquilo a la playa a la que te envié un día y saluda a los que se nos fueron. Que sigan esperando por mí, que a este lado detengo mis pies por hoy, pero continuaré mi camino mañana, a las horas tempranas en las que verdes y terrosos se maquillan con luz blanca.
Luz blanca que no se apaga.
Los olores que lleva la brisa, las hechuras de los hombres del campo a los que saludo al pasar, me ayudan a enfocar un recuerdo más nítido de ti.
Así, de esta manera, llevo años compensando las conversaciones que no tuvimos pero que un día tendremos en nuestra Eternidad particular. Así, de esta manera, la espina de aquella noche supura menos. Pero dejémonos de tristezas, que la vida debe continuar y yo te traigo para ver el mundo juntos, para contarte cómo me va y para permanecer callados acompañándonos.
En todos estos años no he dejado de preguntarme cómo hubieran sido esos mismos si continuaras con nosotros, cómo hubieras envejecido junto a mamá, si los niños se habrían interesado por tus cosas, si los dos hablaríamos más sobre las malditas noticias de la tele, si veríamos películas antiguas juntos ahora que a mí me empiezan a interesar, qué palabras tendrías para mis decisiones, si la vejez se hubiera rendido a las emociones que nos cuesta sacar.
Todo es ficción, evidentemente, porque para ser imparcial también debería preguntarme qué hubiera pasado si hubieras sobrevivido a aquella noche pero con secuelas o si la desgracia nos hubiera derrotado años más tarde por mor de una enfermedad. Por suerte no fue así. Digo por suerte porque ya sabes cómo pienso al respecto.
Todo es ficción, y como es la mía, sigue caminando conmigo mientras te cuento cómo me va la vida por allí arriba, con toh suh avíoh.
Préstale tu voz a las hojas de estos eucaliptos para llevarme a aquellas historias tuyas de juventud. Tu voz que no se apaga, nada de ti se apaga porque sigo haciendo mi camino con la dignidad que me inculcaste, pisando la tierra y buscando el horizonte, agradeciendo la belleza de lo sencillo del paisaje, labrándome el día a día para que la conciencia duerma tranquila, sembrándote en mi imaginación para cosecharte en mi realidad diaria.
Regresa tranquilo a la playa a la que te envié un día y saluda a los que se nos fueron. Que sigan esperando por mí, que a este lado detengo mis pies por hoy, pero continuaré mi camino mañana, a las horas tempranas en las que verdes y terrosos se maquillan con luz blanca.
Luz blanca que no se apaga.
De Santarem a Cortiça
Precioso como siempre
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