Y aquí en Porto interrumpió este camino el peregrino. Habrá tiempo para retomarlo, que el Camino y Porto siempre estarán, no así nosotros. Carpe diem.
Ahora llega el momento de retomar el sendero de la rutina, esa de la que vine escapando. Pero antes bien merezco disfrutar, armado con mi cámara, de esta hermosa ciudad.
Es aquí, caminando sus calles, donde las últimas luciérnagas del interior de mi mina comienzan a iluminarme las palabras a extraer después de recorrer durante días las galerías de mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones, mis ensoñaciones.
Es aquí donde camino conmigo, con mi pasado y mi presente. Con todos los que fuí hago recuento en mi despensa de lo que fueron consiguiendo para desembocar en este yo del presente, como hace el Douro en esta misma ciudad.
El niño depositó los cimientos, que no se han movido ni un ápice y a estas alturas no creo que lo vayan a hacer.
El adolescente consiguió la conciencia del mundo real que estaba por estrenar, con sus mariposas, sus hormigas, sus muertos, sus alegrías.
El joven ahondó en lo que hicieron los anteriores para llenar más la despensa.
El maduro se convirtió en padre de una decisión que rompió el tablero de juego de los anteriores, pero que también le permitió ampliar su despensa, porque realmente lo iba a necesitar.
Mi mundo pequeño pero más que suficiente para aquel niño, aquel adolescente y aquel joven, solo existe en el recuerdo y en los cimientos del hombre maduro de hoy que se abrió a un mundo mucho más grande. No más grande por el mundo en sí, sino por lo que le ha permitido vivir y caminar, “llegando a la verdad por direcciones prohibidas”.
¿Habrán sido este Camino de Lisboa a Porto, estas páginas manchadas ahora, las compañías de cada día, mi peculiar Saudade?
Si tuviera razón aquel que la bautizó como “bem que se padece e mal de que se gosta”, acaso no se encierra en eso mi despedida a un buen hombre, las mariposas de mis amores, la sinceridad a mi madre, el recuerdo a mi padre, el refugio en las alegrías pequeñas cuando la vida amenaza tormenta, los miedos respetados pero no temidos o la compañía que caminó hasta traerme a lo que soy aquí hoy.
Seas lo que seas, Saudade, obrigado para siempre por hacerme caminar.
Ahora llega el momento de retomar el sendero de la rutina, esa de la que vine escapando. Pero antes bien merezco disfrutar, armado con mi cámara, de esta hermosa ciudad.
Es aquí, caminando sus calles, donde las últimas luciérnagas del interior de mi mina comienzan a iluminarme las palabras a extraer después de recorrer durante días las galerías de mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones, mis ensoñaciones.
Es aquí donde camino conmigo, con mi pasado y mi presente. Con todos los que fuí hago recuento en mi despensa de lo que fueron consiguiendo para desembocar en este yo del presente, como hace el Douro en esta misma ciudad.
El niño depositó los cimientos, que no se han movido ni un ápice y a estas alturas no creo que lo vayan a hacer.
El adolescente consiguió la conciencia del mundo real que estaba por estrenar, con sus mariposas, sus hormigas, sus muertos, sus alegrías.
El joven ahondó en lo que hicieron los anteriores para llenar más la despensa.
El maduro se convirtió en padre de una decisión que rompió el tablero de juego de los anteriores, pero que también le permitió ampliar su despensa, porque realmente lo iba a necesitar.
Mi mundo pequeño pero más que suficiente para aquel niño, aquel adolescente y aquel joven, solo existe en el recuerdo y en los cimientos del hombre maduro de hoy que se abrió a un mundo mucho más grande. No más grande por el mundo en sí, sino por lo que le ha permitido vivir y caminar, “llegando a la verdad por direcciones prohibidas”.
¿Habrán sido este Camino de Lisboa a Porto, estas páginas manchadas ahora, las compañías de cada día, mi peculiar Saudade?
Si tuviera razón aquel que la bautizó como “bem que se padece e mal de que se gosta”, acaso no se encierra en eso mi despedida a un buen hombre, las mariposas de mis amores, la sinceridad a mi madre, el recuerdo a mi padre, el refugio en las alegrías pequeñas cuando la vida amenaza tormenta, los miedos respetados pero no temidos o la compañía que caminó hasta traerme a lo que soy aquí hoy.
Seas lo que seas, Saudade, obrigado para siempre por hacerme caminar.
Porto
Voy a echar de menos tus relatos ❤️
ResponderEliminarBueno es el último de este viaje. A ver si voy retomándolo más a menudo 😘
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