miércoles, 4 de septiembre de 2024

Nuestro mejor enemigo

Aprovechando la collá (aunque ya hace más de un mes 😳) del relato Los amantes de mi amiga Claudia en su blog que trataba sobre el amor (no hay sorpresa) se me encendió la bombillita y aquí regreso con una peculiar historia de amor escrita con todo el respeto y cariño. Espero que tenga buena acogida.

Gracias por leerme.


Nuestro mejor enemigo

Julia: No me convence eh. Cuando lo tenía ahí en la cama sí, pero ahora con él puesto...

Vieja: ¿Pero qué dices loca? Si te queda estupendo y no me digas que tú misma no te ves sexy que a mí no me engañas.

Joven: Lleva toda la razón. Te sienta muy bien y ante todo tú te sientes bien. Si paraste en seco cuando lo viste en el escaparate por favor.

Julia: Sí pero ahora me doy cuenta de que quizás me lo compré más mirándome con tus ojos que con los míos propios.

Joven: Déjate de pamplinas que tenemos las dos el mismo talle. Que de tal palo...

Julia: Sí, y una mierda el mismo talle. Aaaaaah ¿pero qué haces bruta? Que me vas a hacer un cardenal.

Vieja: Pues déjate de tonterías que con el cardenal viene la hostia.

Joven: ¡Jajajajaja!

Vieja: Que la niña tiene razón y ese es el vestido perfecto para esta cita. Y si te lo compraste imaginándote como ella y no como yo por algo sería. Coño que llevamos diez minutos aquí metidas para un puñetero vestido. Esta no es la mujer empoderada que yo he parido eh.

Julia: Bueeeno, vale vale señora. Ya me callo, lleváis razón las dos con el vestido. La verdad que sí, que me encanta jijijiji.

Vieja y joven: Al final te llevas la hostia.

Las tres: Jajajajaja.

Julia: Venga va jajaja. Siguiente paso, el pelo, que todavía tengo que enchufar la plancha.

Vieja: Espera espera cariño. Sé práctica. Acuérdate de la última vez que te alisaste el pelo. Que sí, que te quedó estupendo pero al día siguiente no paraste de llorar porque querías tu pelo ondulado de vuelta.

Joven: Y al otro.

Vieja: Y al otro también.

Julia: Va, sí, es verdad. Abortamos plancha. Voy a estar yo aquí fabricando otra yo para que luego él en diez minutos ya se de por arreglado.

Vieja y joven: Esa es mi niña.

Las tres: Jajajaja.

Joven: Ay qué ilusión, ya me imagino ese momento romántico de vuestro primer beso. Cuando te agarre la mano y te diga que te quiere mirándote a los ojos.

Vieja: Bueno, bueno, no me la embales que luego pasa lo que pasa y nos cuesta una eternidad levantarla.
Tú simplemente disfruta, déjate llevar. Pero disfruta por ti y siendo tú misma. Y si sale rana pues por lo menos no tendrás que arrepentirte de haberte comportado como alguien que no eres.

Julia: Sí, muchas gracias. Gracias a las dos. Tengo ilusión y miedo al mismo tiempo.

Joven: Supongo que es normal, pero... ¿miedo por qué?

Julia: Pues porque ya no soy como tú, ya estoy en mis cuarenta... puff Que no soy un pibón y no se fijan en mí como lo hacían antes. ¿A quién quiero engañar?

Vieja: Pues por lo que veo, a ti misma. Claro que no eres "físicamente" un pibón.

Julia: Ah, muchas gracias.

Vieja: Escucha pedazo de cacho de trozo. "Físicamente" puedes no ser un pibón si te comparas con el bombardeo constante de belleza juvenil al que estamos sometidos y sometidas ya diría que casi por cultura. Pero la medida la tienes que poner tú, no tienes que compararte con nadie. Físicamente puedes no ser un pibón para los demás pero que les den a los demás. Tienes que serlo para ti. Y sobre todo, personalmente eres un mujerón y eso te lo han dado tus cuarenta, no reniegues de ellos. 
Ya no recuerdo cuántas veces nos hemos visto las tres aquí delante de un espejo, pero no nos vamos a cansar, a menos que tú nos eches.
Andaaa ahora a llorar. Menos mal que aún no te has maquillado.

Julia: Jajaja ay es que no estoy acostumbrada a que me digan esas cosas. Me emociono, jo.

Vieja: Pues hija mía, no será porque no llevo años repitiéndotelo. Destierra ese miedo y dale rienda suelta a la ilusión, aunque... sin pasarte.

Joven: Sí, vale, muy bien el discursito pero la realidad es difícil de... de... de afrontar.

Vieja: A que al final te llevas tú la hostia, niñata. Que la realidad sea difícil de afrontar no quiere decir que se seje doblegar sin más. Su realidad la construye ella día a día , aunque aparezcan piedras en el camino.
Y de eso, chissst.

Julia: ¡Ay qué!

Vieja: Que me mires cuando te hablo. De eso también te tienes que dar cuenta, de todo lo que llevas conseguido. De verdad que te miro y no te reconozco. ¿Dónde está esa seguridad que tienes para otras cosas?

Julia: Pues... supongo que la gasto toda en esas otras cosas. Me estáis agobiando eh.

Vieja: No guapa, te agobias tú sola porque sabes que llevo razón en lo que te digo.

Julia: Lo de esta tarde es diferente. Es como nadar en un mar diferente al del trabajo o la familia, los amigos.

Vieja: Anda ahora la Jacques Cousteau.

Joven: ¿Quién?

Julia: Solo digo que tengo miedo porque nunca tengo suerte en el amor. Por una razón u otra se acaba yendo todo a la mierda.

Vieja: Y yo solo digo que no eres tú la razón que lo manda todo a la mierda, que a veces no hay culpables cariño.

Joven: Y yo solo digo que no siempre tiene que ocurrirte lo mismo. No puedes ir a esa cita con esta mala energía.

Julia: Pues no voy, ea, porque no tengo "buena e-ner-gí-a" con la turra que me estáis dando.

Vieja: Sí la tienes, la tienes dentro de ti si eres capaz de mirarte al espejo más allá de maquillajes, vestidos o peinados.

Joven: Mírate y verás que eres la mujer que yo soñaba ser.

Vieja: Mírate y quédate con quien te mire como yo te estoy mirando.

Julia: ¿Estáis hablando de...

Vieja y joven: Amor propio.

        Cuando Julia levantó la cabeza y se topó con el espejo de su baño le pareció ver cómo se esfumaban en él la vieja y la joven dejando su sonrisa flotando como el gato de Alicia. La batalla en su cabeza había terminado y la expulsó definitivamente repitiendo en voz alta "amor propio".
Irguió su espalda y comenzó a maquillarse como le dió la gana porque le dió la gana.
Los zapatos, el bolso, las llaves, el móvil... y su amor propio.

lunes, 26 de agosto de 2024

18. Popurrí - Un juntaletras en el Camino

POPURRÍ 
“Ese eres tú, ese eres tú en una, en una, en una esquinita del sur. Ese eres tú, ese eres tú, caminante, eres tú.” 
La Eternidad, 2017. 

        En soledad, como llegué, quiero y voy a marcharme de este viaje. Buscando un lugar a la sombra donde sentarme por calles y plazas voy escribiendo esta última cuarteta, intentando recordar sin saltos en el tiempo. 
No es una experiencia ésta necesariamente para encontrarse a sí mismo, puede ser simple placer, unas vacaciones más, de una manera más original claro está. Pero incluso aunque la meta del camino no sea encontrarte puedes acabar tropezándote contigo mismo. Después de tantas horas que debes llenar solo con tu presencia lo difícil sería no divisarte ni un poquito en el horizonte. Estar rodeado no significa estar acompañado, la fortuna es hallarse en dichos estados en el momento que uno desea, así da tiempo de saborear, de apreciar, de echar de menos el estado contrario y hacer algo por volver a él. Así una y otra vez. 
Por eso, aunque no fuera mi intención, en este viaje fui capaz de saber verme a mí en ambos estados y en ambos, para qué vamos a engañarnos, me sigo gustando, me sigo aceptando. 
        No puedo y jamás he querido ni querré dejar de ser un espontáneo con seso. Naturalidad para que la gente encuentre certezas en mí, yo en ella y así no tener que decidir si compartir un mismo camino. No hace falta porque cuando te das cuenta ya lo estás caminando, disfrutando. Más tarde, cuando nuestras circunstancias, y por tanto nosotros, cambien, los peregrinos de nuestras vidas cambiarán de la misma manera natural con la que uno les dejó pasar y pisar a nuestro lado. Una manera natural que no deja laceraciones en la conciencia ni heridas de guerra. Hay despedidas que duelen, cierto, normalmente en esta vida lo que duele es lo que no se elige, por eso esta oda a la naturalidad con respeto, a la espontaneidad con seso, a la autenticidad de lo original, porque con todo eso el más mínimo dolor no tiene cabida. Se acepta, se comprende, se recuerda, se disfruta, se sonríe, se continúa el propio camino sin lastres. 
        Sí, ya sé que estoy divagando mucho, es lo que llevo haciendo desde hace semanas, di-vagar llamándolo camino. “Por el mundo voy caminando, como un peregrino llevo toda la vida…”  De casa al colegio y del colegio a casa, de un extremo al otro, de la madrugada al amanecer, del examen al fin de semana, de El Puerto a Cádiz, de ser dos a ser uno, de Sevilla a Florencia, del antes al después, del conformismo al volantazo, de las despedidas a “…seguro que algún día volverá”, de las muertes a las vidas, del yo era aquél al yo soy éste, de la barrera de un idioma a las consecuencias de dos, de los platos a las aulas, de la jaula de oro del sur a las alas con motores, de la bicicleta con ruedines al trapecio sin red, de Burgos a Santiago, de la página en blanco a la página 51, del pasacalles a cuando caiga el telón. Todos somos peregrinos de una manera u otra, todos hacemos nuestro camino, un pie después del otro, cuidado con las piedras. 
        Y en todos mis caminos parto y regreso a mi esquinita del sur. Hijo de obrero con futuro de estudiante, acento ninguneado por don nadies, niño que subía a su casa cantando por la escalera, el soñador de la familia, la importancia de reír, la felicidad de hacer reír, el latido al tres por cuatro, el gol en la garganta, el emigrante hecho a la idea, el optimista bien informado, un brindis por la amistad, los buenos modales reaprendidos, la pena de no verlos crecer, el miedo de no presenciar su vejez, el que se preocupa de sus propios actos, el pepito grillo de más de una, un romántico de los ideales, un práctico del día a día, un superviviente por prioridades, un escapista del mal rollo, la pamplina sin filtro pero con pausa, la desnudez vestida con tinta. Todo eso y posiblemente más es lo que fui siendo en todos los caminos que anduve, conservando y desechando. 
Todo este repertorio sin música ni rima soy yo, todas las páginas en blanco que le quedan a este diario quizás también acaben siendo yo, quizás haya que volver al Camino. Habrá que vivir para cantarlo.

Miércoles 24 de agosto, 2022. Escrito entre Santiago, Oviedo y Santander.

domingo, 25 de agosto de 2024

17. Pasodoble - Un juntaletras en el Camino

PASODOBLE 
“…Dios es solo una inmensa palabra vacía que la gente ha llenado con lo que quería. Cuando lo necesitan lo ponen, lo adoran, lo quitan y ya se acabó.” 
Las noches de bohemia, 2010. 

        “Lo inevitable ya está aquí, llegó el final”, que cantaban Los cobardes. Con esta cantinela me desperté esta mañana aún con las costumbres de peregrino, bien temprano y dispuesto a caminar sin tener que hacer camino. El disfraz ya quedó guardado y el espíritu grabado por dentro aunque se vuelva a ser uno más en la ciudad. 
        Últimos momentos de tranquilidad en la plaza del Obradoiro. La catedral recibiendo a gente para la misa del peregrino aunque casi ninguno lo sea. La falta de respeto por todas partes. Que Dios me libre de ser creyente, pero si en casa ajena me abren las puertas al menos muestro agradecimiento ateniéndome a sus normas. Por favor, durante la misa no está permitido deambular por las naves de la catedral. Gente caminando por las naves de la catedral. Por favor, apaguen sus móviles. Suenan móviles cuatro veces en treinta y cinco minutos de misa. Viejas que por el simple hecho de tener muchos años se creen con el derecho de hablar en la previa importándoles una mierda lo que otras personas tienen que comunicar desde el micrófono. Niños mostrándonos las consecuencias de tener unos padres que están cansados de serlo. La maldita marca España. Al otro lado del ring un cura con discurso sobre fariseos e hipocresías mientras los empleados de seguridad se pluriemplean como monaguillos pasando el cepillo y de fondo un baldaquino gigantesco bañado en oro y plata. Lo dicho, que Dios me libre de ser creyente. Definitivamente esto ya no es el Camino.

Martes 23 de agosto, 2022. Escrito en Santiago de Compostela.

sábado, 24 de agosto de 2024

16. Popurrí - Un juntaletras en el Camino

POPURRÍ 
“…sea yo de verdad quien sepa decir adiós, dando gracias al mundo sin odio y rencor, y la ciudad me recuerde cantando.” 
La eterna banda del capitán Veneno, 2020.

        Con los pies en la tierra, el corazón en las nubes, la mirada en la vida, las manos en su pueblo y su sangre y la casa a la espalda, un peregrino regresaba a la superficie ya saciado por las musas. 
        En algún momento el corazón debe dar un paso atrás y la cabeza al frente. Es el último destino pero la rutina es la misma que en todos los días anteriores: albergue, ducha, lavadero, almuerzo, descanso para el que lo requiera y disfrute, hoy más que nunca. A esto había que sumar la recogida del premio final físico, la compostela, y de la vieira, ese símbolo de siempre ahora convertido en souvenir al alcance de cualquiera en cualquier punto del camino, una pena. 
        Con los deberes hechos tocaba continuar la buena racha encontrando esas caras conocidas, potenciales amistades para compartir el último día o penúltimo como se había hecho en los días anteriores. Sonrisas intercambiadas, abrazo de reencuentro, charla de análisis y primeras impresiones. El problema de la masificación turística arruina los planes a muchos peregrinos verdaderos, como por ejemplo la imposibilidad de atender la misa nombrada para ellos porque la cola da la vuelta a la plaza de la Quintana y desaparece por la esquina más apartada. A la tarde lo podrán intentar de nuevo, yo no. 
        Me separo de ellos otra vez, abrazo de hasta luego, camino de vuelta acunando al yo más interno. Es momento de los quehaceres y luego a vestirse de turista. El bastón ya quedó olvidado, la mochila no saldrá más. Tan solo una bolsa con lo necesario previsto para pasar el resto de la tarde en ese hormiguero medieval. El plan, el de siempre, ninguno. Pasear, admirar, tirar fotos, perderse por las calles, todo eso a la vez en la catedral. De repente la alegría malagueña requiere mi presencia para regar el brote verde sembrado ayer. Un alemán muy simpático se sube al barco, es lo bueno de saber idiomas, que convierte las torres de Babel en lugares de concordia. 
Al final de la rúa Nova nos despedimos, con la miel en los labios me quedo por no haberla disfrutado más tiempo. Es extraño sentir tanto cariño por alguien en tan poco tiempo. Es extraño desear de corazón que a esa buena gente conocida y a fin de cuentas desconocida le vaya lo mejor posible en su futuro, sin importar las pocas probabilidades de estar en él. Y así, recordando los rostros con nombre y sin él de compañeros y compañeras, la primera despedida se rubrica. Extraño o no, sean las meigas o sean los milagros, lo importante es que estas cosas sigan sucediéndonos para que el ser humano no se olvide nunca de eso, ser humano. 
        De la digestión de la despedida unas calles después la suerte de nuevo se arrima para reunirme con ese grupo de amigos compañeros. Con ellos también tocará una segunda despedida pero no sin antes disfrutar de una última cena. Que les vaya bien por favor, solo eso, que les vaya bien. 
Caminito de vuelta en soledad, digiriendo pinchos y despedidas, bondades y vivencias, una nueva serendipia paría la tercera despedida. Rostros italianos sin nombre y uno solo con él, Eduardo, me detenían con una sorpresa mutua después de perdernos de vista varias jornadas atrás. Gente de la que conoces lo mínimo, que son italianos, su aspecto físico y sus ciudades. Rostros conocidos, personas desconocidas, peregrinos compañeros. Ciao, hasta siempre mejor que hasta nunca.             Música. Paseo paciente. Cielo poniéndose el pijama. “Deprisa late el corazón, deprisa. Hace presencia la canción que avisa que se ha acabao ¿ya? Casi se ha acabao. Aaaah. Aún queda mucho por contar…” 

Lunes 22 de agosto, 2022. Escrito en Santiago de Compostela.

viernes, 23 de agosto de 2024

15. Popurrí - Un juntaletras en el Camino

POPURRÍ 
“Por el mundo voy caminando, como un peregrino llevo toda la vida. Siempre por el margen y pisando los charcos, llegando a la verdad por direcciones prohibidas.” 
Los peregrinos, 2017. 

        Último día, Santiago espera al otro lado del horizonte y los peregrinos cubren sus horizontes propios con esperanzas. 
Ritual diario para salir, bastón hermano, garganta caliente espantando males, luna de miel con la soledad. Un paso tras otro paso, un peregrino tras otro peregrino, un sentimiento tras otro recuerdo, un pensamiento tras otro paso y vuelta a empezar. Se hace recuento de lo vivido, lo banal y lo interior, se baila un vals con la despedida. La gente que se ha cruzado en tu camino, la probabilidad entre millones de volverlas a ver cuando la fiesta se acabe, la mirada hacia dentro recordando a los tuyos, la corrección del examen de conciencia, las respuestas halladas por quien se hacía preguntas, las preguntas nacidas del paso de este tiempo. Y de pronto el asfalto, el cemento, los motores, la ciudad, el horizonte. 
        El bastón llamando a las piedras, las sandalias despertando a los siglos, la alegría soplando la vela, el niño que sueña, iglesia a la izquierda, cuesta arriba, turistas de fondo, torres tostándose al sol, fuente para el romántico, cuesta abajo, arte, arco de medio punto. Obradoiro, catedral, epicentro de un terremoto que reverbera en cada mochilero desde hace cientos de kilómetros. El verbo conseguir conjugado en un presente perfecto, en singular y en plural, en esta torre de Babel con una sola lengua vencedora, la peregrina. 
        En el centro del rectángulo tu memoria pinta el último cuadro. Desde sus cuatro esquinas se observa la vida, se admira la obra maestra en piedra. Y entre el centro y las esquinas el pulular del mundo real ya avisa que el cuento se acaba, la última cuarteta de un juntaletras. 

Lunes 22 de agosto, 2022. Escrito en Santiago de Compostela.

jueves, 22 de agosto de 2024

14. Estribillo - Un juntaletras en el Camino

ESTRIBILLO 
“…tú eres otro de los míos. Gaditano al que han parío, Cai, original, original, original.” 
Los originales, 2022. 

        ¡Carajoteeee! Una palabra más andaluza que dormir en el balcón fue el conjuro que sin demora ninguna hizo al destino gastar una serendipia conmigo. Allí, recién llegado a la plaza del Obradoiro, con la sonrisa anclada en la cara, mi bastón disfrazado y cantando por lo bajini mi credo particular, la loca encantadora aumentaba los niveles de felicidad registrados en ese rectángulo. Lo consiguió, lo conseguí y aquel grito fue un regalo. 
        Hay lujos en la vida que uno no se puede permitir perder y aunque el tiempo dirá qué sucede con este brote verde de amistad, yo haré lo que llevo haciendo toda mi vida, ser yo, ser natural, para bien o para mal, que así es como se riegan las amistades. Ella también será ella, natural. Y si no, da iguá ¿y el ratito que hemo eshao?

Lunes 22 de agosto, 2022. Escrito en Santiago de Compostela.

miércoles, 21 de agosto de 2024

13. Cuplé - Un juntaletras en el Camino

CUPLÉ 
“Hay personas que luchan un día y son buenas. Hay personas que luchan un año y son mejores. Y hay quien lucha una vida entera… esos son los imprescindibles.” 
Los imprescindibles, 2015. 

        La vida te da sorpresas y el Camino sonrisas que son un te quiero que dan calambre en el alma, como dijo el poeta. Calambre para revivirla y dejar en sus paredes bonitas cicatrices. Y aunque esta introducción sea demasiado seria para un cuplé, ha salido de la misma manera natural que la inspiración de carne, hueso y alegría que me llevo en mi cofre del tesoro, a la andaluza. 
        Domingo, Arzúa, penúltimo día de mi camino, cinco y cuarto de la madrugada, destino Pedrouso. 
Comenzar a caminar muy temprano le permite al peregrino de verano evitarse las calores del sol tirano o si uno quiere hacer eso de “¿qué no? Aguántame el cubata”, le permite hacer muchos más kilómetros. Yo soy de los primeros, hace mucho que dejé los cubatas. 
Así que ahí iba el tío por la calle de Arzúa en silencio y el gallo todavía roncando. Pero este menda, como ya dije, es de sugestión fácil, o hablando en plata, que se hace caquita solo en la oscuridad por mitad de un bosque y hasta por mitad del desierto. Menos mal que llevaba ya mi palo para hacer algo de ruido y sentirme poderoso cual Gandalf. Ahora dime tú lo que le iba a importar a una hipotética bestia salvaje que yo llevase un palo. 
        Después de un rato flirteando con la taquicardia apareció un oasis ya en otro pueblo o agrupación de casas, con un banco y luz, sobre todo luz. La idea es sentarse y no por cansancio, solo por hacer tiempo porque al día todavía le queda mucho para despuntar. No hizo falta esperar, se dio el milagro en forma de linterna y peregrina que corría como si llegara tarde a algún lado. Como buen gaditano había que coger la collá y ahí que me volví a convertir en caracol con la casa a cuestas y echar a andar para no perder de vista a la prima blanca de Usain Bolt. Yo detrás, a rueda, dándole su espacio, que tampoco era cuestión de asustarla, con los ojos como platos cuando llegué a ver que caminaba con chanclas. 
Metros más tarde ella tomó la iniciativa de parar, girarse y dirigirse a mí para caminar juntos. Ahí se dio la magia, esa conexión que uno sabe identificar cuando la ha disfrutado previamente. Una malagueña, una más en mi vida, con age a borbotones y una naturalidad que quita lah tapaerah der sentío. Una andaluza, valga la redundancia. Mi tierra, mi acento, mi filosofía, mi gente, mi hogar, mi patria. 
Nos contábamos nuestra vida, nuestro camino, la alegría y la risa iluminaban más que el amanecer ansiado. Ahora me arrepiento de haber pensado en un primer momento que si la dejaba a ella ir delante el animal que apareciera se la comería y a mí me dejaría en paz. Aunque con los ovarios que hay que tener para hacer el camino en chanclas y con la firme intención de finalizar en Santiago ese mismo día, no sé yo quién se comería a quién. Quizás ya lo sabe, o al menos debería saberlo, pero es una mujer valiente con todas las letras en mayúscula. Una andaluza, valga la redundancia de nuevo. 
Tanta charla, tanta charla que hasta nos pasamos una flecha y nos perdimos, por poquito tiempo, eso sí. La primera vez que se perdía en todo su camino decía la tía. Seguro que es mentira, que ya se sabe que se coge antes a un mentiroso que a un cojo y ésta de coja no tenía , ya te lo digo yo. 
Con la claridad hubo contraste de sensaciones. Si mirabas arriba descubrías una cara linda de ojos buenos pero si mirabas abajo eso era una india de la tribu pies negros. Qué barbaridad por favó, tenía esos pies para una prospección arqueológica. 
        Pues así, con pamplinas como esta por ambas partes seguimos a velocidad de crucero que lejos de cansarnos nos impulsaba, hasta que un fatídico encuentro nos paró en seco. Nos topamos con… (música de película de suspense)… chan chan… ¡El Tortugo! Un iluminati del caminati vendiendo sus bisuterías y con dos sellos que a la nena le gustaron. Y por pararse salió escardá, porque este buen hombre sacó su espiritualidad peregrina a pasear y la seguridad de esta chiquilla se tambaleó. 
Conseguimos zafarnos de él antes de que la pobre acabara cambiando de planes. El resto del camino compartido de esa jornada tuvo un aliciente más para salpimentar nuestras pamplinas. El temporal del también llamado “El preguntitas” se fue disipando con nuestras risas y cuando nos dimos cuenta llegamos a mi destino, Pedrouso, destrozando un récord de tiempo. Bares y cafeterías comenzaban a abrir y nosotros nos tomamos un buen descanso. Ella lo iba a necesitar para poder continuar con la misma determinación y yo seguía saboreando esa conexión andaluza mientras durase. 
Momento foto para la tranquilidad de su familia, que la niña se nos va sola por las montañas cual Heidi y a ver si le va a pasá argo Manué. Parece mentira que no conozcan a la niña, que si fuera chica Disney sería Mulán, y no lo digo por el roete
        Tan enganchado me encontraba que dejamos todo y nos fuimos a otra calle a desayunar. Las cosas que el Camino provoca a su paso por estos buenos pueblos es que hagas algo así y cuando regreses un buen rato después todo siga en su sitio. Honradez y respeto máximo de la gente de bien. 
        Después de reponer fuerzas se acercaba el momento de una despedida con ilusión de metamorfosear en un hasta luego. Nos la jugamos a la serendipia de reencontrarnos en Santiago al día siguiente, nada de intercambiarnos números para estar en contacto, que la magia de las meigas o el milagro del apóstol se dieran de nuevo. La huella, la guinda del pastel, ya estaba. 
Yo regresé a la rutina habitual y al reencuentro con los compañeros habituales. Un día más, un día menos.

Domingo 21 de agosto, 2022. Escrito en Pedrouso.