martes, 4 de febrero de 2025
La nana gris. 3 de Febrero 2016
jueves, 16 de enero de 2025
El cementerio de los valientes. Octubre 2016
Paseando con mis cavilaciones me sorprendí ante la verja de un cementerio, un mar de lápidas que se extendía hasta donde alcanza la vista, con colinas y llanos constantes pintados de otoño por un sol que no pudo escoger lugar más apropiado para venir a morir. Mientras buscaba la entrada entre los barrotes negros vi al señor sepulturero saliendo de su garita con un par de palas, al parecer tenía trabajo. Era un hombre espigado, esquelético pero de porte noble, vestía un traje que seguro algún día fue elegante, con sombrero de copa que se balanceaba danzarín sobre su cabeza sin perder el equilibrio. A la luz de la luna que ya salió a escena daba la impresión de ser una persona afable pero al mismo tiempo cualquiera vislumbraría en su rostro esa clase de terror que te cala los huesos y te enfría las entrañas. Le pedí por favor que me abriera la cancela y me preguntó que para qué, si todavía estaba vivo. Ciertamente era difícil rebatir tal argumento.
Sin ninguna cortesía de presentaciones sus dedos largos como una sombra salieron al encuentro de la reja y prestos echamos a andar dibujando trenzas entre lápidas mientras yo buscaba la forma de romper el hielo y el gruñía de impaciencia ante mi silencio.
Mientras aún
seguía buscando explicación a lo que acababa de oír, se me debió poner cara de
tonto y volvió a repetir "Otro más", aumentando mi desconcierto. Sin
perder más su tiempo y como dando por zanjada la conversación empezó a cavar,
ignorando mi presencia sin decir nada, quizás con la esperanza de que me
marchara. Pero aquel sitio me tenía fascinado y retomé mi retahíla de
preguntas.
"Eso es imposible señor, tendría usted que tener cientos
de miles de años para ser quien enterró al primer hombre".
De nuevo volvió a mascullar entre dientes esa coletilla ya
molesta de "otro más" y secándose el sudor con un pañuelo me tendió
una pala y me ofreció un trato, recuperando para sí la fe en la primera
impresión que me causó.
"Este sitio es bastante triste".
Aunque con un desdén nada disimulado, pasó por alto mi
comentario y respondió "No te creas, causa solo una, la misma en todos,
formas... variadas".
"Te daré claridad entonces, a ver si así ya te enteras de donde estás. La única causa de muerte de todas las almas que puedes ver y las que no fue la valentía, o la insensatez según quien juzgue. Mira a tu alrededor y observa las lápidas, cada detalle, algunas son iguales entre sí y otras diferentes por completo ¿verdad? La forma de morir es la razón. Date la vuelta, esa mismo que tienes detrás, negra como el carbón, pasa la mano.¿Qué notas al tacto?".
Me ensimismé mirando mis dedos abriendo puertas en aquel
laberinto que el sepulturero estaba provocando en mi cabeza hasta responder sin
inmutarme "cenizas".
Lo que yo no entendía era su sonrisa victoriosa.
Me acerqué como quien se detiene a admirar una obra de arte
en un museo y solo puede admirar su falta de entendimiento.
"No lo se, veo como... unas fauces por arriba, por abajo, pero es demasiado... no se, demasiado...".
¿Yo? Yo aún seguía llevando mis ojos de aquella lápida a mis dedos ennegrecidos una y otra vez como si en el camino mi mirada tropezara con la respuesta. Me di la vuelta y pala en mano me dirigí de nuevo al agujero que ya empezaba a tomar forma de morada eterna.
"No, no por favor, quiero saber más, quiero comprender".
Gracias al cielo por fin lograba contentarlo de alguna forma, pensé.
"¿Por qué todas las cartas son del dos de corazones? Pensaba que el as era más especial".
Con solo una frase perdí toda la ventaja que parecía haber
ganado con mi anfitrión.
"A veces sí, a veces un cuerpo no soporta la muerte de su alma y se va con él. Otras veces es capaz de parir un alma nueva aunque con semillas de la anterior. Son las almas de gato como me gusta llamarlas, si me permites la licencia".
"¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!"
Por unos segundos hasta la tierra rota de aquel lugar no pudo
tragar entre sus grietas aquel grito al unísono de dos enemigos condenados a
entenderse. Los dos acabamos frente a frente, respirando el aliento del otro,
uno dulce, el otro amargo, armados por igual, con una pala de sepulturero y un
jadeo postbatalla bajo una lluvia que apagó nuestra violencia.
"Quizás en mi próxima alma".
Me sonrió y me tendió la mano como un gesto de deportividad
para acabar como empezó, sin más.
"No se por dónde vine".
Me di media vuelta y con la cabeza gacha comprendí que me fuí por donde vine, pero sin lo que vine, del cementerio de los valientes.
jueves, 24 de octubre de 2024
La eternidad por delante
Como el alumno nuevo que sabe que recibirá las miradas de todo tipo cuando ponga un pie en el aula, así llega don Miguel al hogar del pensionista, que a pesar de los avances del siglo sigue conservando la sencillez de antaño. Hay cosas que nunca cambian por más que el mundo lo haya hecho y en menos de un cuarto de hora ya tiene a tres viejos (porque él no se ve así por supuesto) dándole conversación en la barra.
Llega diciembre y con los preparativos de la Navidad un regalo de Reyes adelantado le congela cada músculo. Inma, una de las del grupo de nuevos amigos del centro, ha aparecido con alguien nuevo. Se trata de Rocío, una vecina de Inma a la que ha logrado convencer después de dos años para que salga de casa. Tiene la misma edad que Miguel, pero una vida diferente que le fue minando y ensombreciendo la personalidad. Inma la presenta a la gente, Miguel consigue despertar de su estado catatónico gracias a la ternura que le provoca ver a doña Rocío en su primer día. Se saludan brevemente, él porque está sobrepasado y necesita salir ya de allí, ella porque se ve arrastrada por Inma, que no quiere perder ni un segundo en hacer que su amiga se reconcilie con la vida.
Ahora, en el invierno de sus vidas, vuelven a converger en tiempo, lugar y circunstancias.
Cuando sacian sus ansias Miguel rompe a reír de tal manera que Rocío no sabe cómo tomárselo. Miguel termina de cantar mentalmente una vieja copla abrazándola y besando su melena de azabache apagado, antes de responder que simplemente ya se puede morir tranquilo. Ella le dice acariciando con el pulgar la barba canosa, que ni se le ocurra, no ahora que a sus sesenta y cinco años tienen toda la eternidad por delante.
en el mercado clandestino,
riéndose con su cigarro
y con su vasito de vino.
Aplausos para el romancero.
La calle despide a la gente.
Ella se cruzó en su sendero.
Ocurrió no más, simplemente.
Ella brilló y dijo bueno,
él dijo vente.
Y en un portal se entregaron,
desnudaron sus labios,
los dos se devoraron,
aún les llegaba el eco
del jaleo burlesco
y su jajarear.
Salieron del escondrijo
como gato sin cola,
como padre sin hijo.
Se echaron a la vida,
en cada mano cosida
la piel de otro animal.
Él tiene sesenta años,
ella ahí, ahí andará.
Él tiene sesenta años,
ella ahí, ahí andará.
viernes, 11 de octubre de 2024
Conversaciones con Peter Pan. Septiembre 2016
martes, 8 de octubre de 2024
Peter Pan nunca muere. Marzo 2012
miércoles, 2 de octubre de 2024
Mi juguete más preciado
miércoles, 4 de septiembre de 2024
Nuestro mejor enemigo
Aprovechando la collá (aunque ya hace más de un mes 😳) del relato Los amantes de mi amiga Claudia en su blog que trataba sobre el amor (no hay sorpresa) se me encendió la bombillita y aquí regreso con una peculiar historia de amor escrita con todo el respeto y cariño. Espero que tenga buena acogida.
Gracias por leerme.
Nuestro mejor enemigo
Julia: No me convence eh. Cuando lo tenía ahí en la cama sí, pero ahora con él puesto...
Vieja: ¿Pero qué dices loca? Si te queda estupendo y no me digas que tú misma no te ves sexy que a mí no me engañas.
Joven: Lleva toda la razón. Te sienta muy bien y ante todo tú te sientes bien. Si paraste en seco cuando lo viste en el escaparate por favor.
Julia: Sí pero ahora me doy cuenta de que quizás me lo compré más mirándome con tus ojos que con los míos propios.
Joven: Déjate de pamplinas que tenemos las dos el mismo talle. Que de tal palo...
Julia: Sí, y una mierda el mismo talle. Aaaaaah ¿pero qué haces bruta? Que me vas a hacer un cardenal.
Vieja: Pues déjate de tonterías que con el cardenal viene la hostia.
Joven: ¡Jajajajaja!
Vieja: Que la niña tiene razón y ese es el vestido perfecto para esta cita. Y si te lo compraste imaginándote como ella y no como yo por algo sería. Coño que llevamos diez minutos aquí metidas para un puñetero vestido. Esta no es la mujer empoderada que yo he parido eh.
Julia: Bueeeno, vale vale señora. Ya me callo, lleváis razón las dos con el vestido. La verdad que sí, que me encanta jijijiji.
Vieja y joven: Al final te llevas la hostia.
Las tres: Jajajajaja.
Julia: Venga va jajaja. Siguiente paso, el pelo, que todavía tengo que enchufar la plancha.
Vieja: Espera espera cariño. Sé práctica. Acuérdate de la última vez que te alisaste el pelo. Que sí, que te quedó estupendo pero al día siguiente no paraste de llorar porque querías tu pelo ondulado de vuelta.
Joven: Y al otro.
Vieja: Y al otro también.
Julia: Va, sí, es verdad. Abortamos plancha. Voy a estar yo aquí fabricando otra yo para que luego él en diez minutos ya se de por arreglado.
Vieja y joven: Esa es mi niña.
Las tres: Jajajaja.
Joven: Ay qué ilusión, ya me imagino ese momento romántico de vuestro primer beso. Cuando te agarre la mano y te diga que te quiere mirándote a los ojos.
Tú simplemente disfruta, déjate llevar. Pero disfruta por ti y siendo tú misma. Y si sale rana pues por lo menos no tendrás que arrepentirte de haberte comportado como alguien que no eres.
Julia: Sí, muchas gracias. Gracias a las dos. Tengo ilusión y miedo al mismo tiempo.
Joven: Supongo que es normal, pero... ¿miedo por qué?
Julia: Pues porque ya no soy como tú, ya estoy en mis cuarenta... puff Que no soy un pibón y no se fijan en mí como lo hacían antes. ¿A quién quiero engañar?
Vieja: Pues por lo que veo, a ti misma. Claro que no eres "físicamente" un pibón.
Julia: Ah, muchas gracias.
Andaaa ahora a llorar. Menos mal que aún no te has maquillado.
Julia: Jajaja ay es que no estoy acostumbrada a que me digan esas cosas. Me emociono, jo.
Vieja: Pues hija mía, no será porque no llevo años repitiéndotelo. Destierra ese miedo y dale rienda suelta a la ilusión, aunque... sin pasarte.
Joven: Sí, vale, muy bien el discursito pero la realidad es difícil de... de... de afrontar.
Y de eso, chissst.
Julia: ¡Ay qué!
Vieja: Que me mires cuando te hablo. De eso también te tienes que dar cuenta, de todo lo que llevas conseguido. De verdad que te miro y no te reconozco. ¿Dónde está esa seguridad que tienes para otras cosas?
Julia: Pues... supongo que la gasto toda en esas otras cosas. Me estáis agobiando eh.
Vieja: No guapa, te agobias tú sola porque sabes que llevo razón en lo que te digo.
Julia: Lo de esta tarde es diferente. Es como nadar en un mar diferente al del trabajo o la familia, los amigos.
Vieja: Anda ahora la Jacques Cousteau.
Joven: ¿Quién?
Julia: Solo digo que tengo miedo porque nunca tengo suerte en el amor. Por una razón u otra se acaba yendo todo a la mierda.
Vieja: Y yo solo digo que no eres tú la razón que lo manda todo a la mierda, que a veces no hay culpables cariño.
Joven: Y yo solo digo que no siempre tiene que ocurrirte lo mismo. No puedes ir a esa cita con esta mala energía.
Julia: Pues no voy, ea, porque no tengo "buena e-ner-gí-a" con la turra que me estáis dando.
Vieja: Sí la tienes, la tienes dentro de ti si eres capaz de mirarte al espejo más allá de maquillajes, vestidos o peinados.
Joven: Mírate y verás que eres la mujer que yo soñaba ser.
Vieja: Mírate y quédate con quien te mire como yo te estoy mirando.
Julia: ¿Estáis hablando de...
Vieja y joven: Amor propio.
Irguió su espalda y comenzó a maquillarse como le dió la gana porque le dió la gana.
Los zapatos, el bolso, las llaves, el móvil... y su amor propio.
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Bon día buen hombre. Sí, jeje, tengo que empezar a practicar lo que pueda para lo que me espera en estos días. Disculpa que te h...
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Cuando el cofre del tesoro se abre ante mí después de días de búsqueda, la satisfacción clava bandera por fin en mis deseos. La be...
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Y aquí en Porto interrumpió este camino el peregrino. Habrá tiempo para retomarlo, que el Camino y Porto siempre estarán, no así no...