domingo, 26 de abril de 2026

Caminando con... un buen hombre

 

        Bon día buen hombre. Sí, jeje, tengo que empezar a practicar lo que pueda para lo que me espera en estos días.
Disculpa que te haya traído tan lejos de casa, pero ya que te acabas de marchar era preferible conversar contigo cuanto antes, con mi cariño a flor de piel. No te preocupes, la etapa será sencilla, toda llana, y bonita, siguiendo el río. Si lo necesitas paramos y vamos más despacio. Ah, claro, que ya no necesitas el bastón y el cuerpo ya no pesa. Al fin y al cabo eres producto de mi imaginación y mi recuerdo, puedo pensarte como quiera.
        Ya se que vamos río arriba y tú hace muy poco que acabas de hacer el camino contrario, ya sabes, eso de que la vida son ríos que van a dar a la mar, pero no te retendré mucho si no quieres. Lo justo para despedirme y quedarme en paz contigo. Necesito hacerlo, no por tu hija, sino por mí. Así de marcada fue la huella que dejaste en mí. Te conocí brevemente, pero lo suficiente.
Será porque mi viejo se me fue antes de que pudiera salvar la distancia con él, será porque he crecido lo suficiente, pero ahora aprecio la oportunidad de conversar con los mayores, ya sea con una taza de café mañanero en mitad de la Argentina, ya sea entre los riachuelos de lluvia y papelillos que se escapan por los adoquines de Cádiz. Gracias por tus preguntas, por tu inquietud por conocer las historias de Cádiz, por compartir conmigo.
        Has sido un buen hombre, seguro que lo sabes, y seguirás siéndolo mientras tu recuerdo no se esfume en la memoria de los que te conocimos, brevemente pero suficiente. Has sido un buen hombre. Conozco a tus hijas, no necesito más.
No te preocupes por ellas ni tampoco por ella, están bien rodeadas y abrigadas. Les costará, por supuesto, los buenos hombres y mujeres dejáis un vacío que no es fácil de llenar para poder continuar. Ese es un camino que cada cual debe hacer a su manera, respetando sus tiempos.
El mío es este, conversando contigo junto a un río con rumor a fado, cantando siempre aquello de “no llores porque me fuí, alégrate por lo que fuí”. Un buen hombre.
        Ya te dejo marchar en dirección contraria, después de estos años de resiliencia ve a descansar con los tuyos.
Cuando a mí me toque, después de instalarme en la Eternidad inventada que tengo para los míos, iré a buscarte a la tuya y conversaremos de lo que aquí está por suceder. Bon día buen hombre e bon Caminho.
 
Lisboa - Alhandra

sábado, 25 de abril de 2026

Primer paso

 

        Vuelvo después de mucho tiempo, siempre es demasiado tiempo cuando no se encuentra una salida. Agua estancada crea mala vida, tinta reseca no libera.
Pero vuelvo en el espacio preciso, apartado de todo y de todos. Vuelvo al silencio para hablarme, para escucharme, para no perderme, para sosegarme. Para desnudarme.

        Siendo sincero, cuando finalmente abro este cuaderno es al final del viaje, del camino. Pero sí que comencé a escribir desde el primer paso, quizás incluso desde antes, cuando las luciérnagas empezaron poco a poco a iluminar las galerías de esta mina llamada mente. “Lucecita, lucecita, vuela libre, vuela alto”.
Una escultura no comienza con el primer golpe de cincel, una pintura no comienza con el primer trazo de un pincel. Así, mis sentimientos y pensamientos garabateados con tinta son fruto de mis luciérnagas de cada mañana con la banda sonora de mis pasos desde Lisboa hasta Oporto. La alquimia del arte precisa del alambique de la imaginación y la amalgama de emociones y recuerdos que llevo dentro se materializarán ahora, pero se gestó en el espacio preciso al que deseaba volver, en el silencio por el que deseaba caminar.

        Lisboa

 

sábado, 6 de septiembre de 2025

Estación Central Vida. Junio 2017

             Ya son varios meses sin escribir nada pero quería volver a compartir alguna de mis historias, aunque ya tengan su tiempo. Espero reactivarme pronto para seguir escribiendo y compartiendo. Por lo pronto, espero que esto os guste. Gracias por leerme.


Estación Central Vida


+ Despierta corazón, que ya amanece.

- Mmmm al corazón no lo metas en esto, eres tu la que me abre el día. Ven, dame un beso que me ayude a levantarme.

+ Jajaja mira que eres...

- ¿Encantador?¿cariñoso?¿divertido?¿dulce?¿niño?

+ Payaso jajaja. Eso es lo que eres y de eso vives, así que menos cháchara que el tiempo corre. Yo también tengo que trabajar.

- Vaaale, pero ayúdame a pintarme antes.

Así a la cuenta de tres se incorporó sobre la mitad caliente de su colchón, rehusando por un momento la luz del alba que despuntaba y esperando la orden de su compañera para iniciar el ritual de cada día.

+ Aquí, frente al espejo. ¿Qué colores quieres hoy?

- Los mismos de ayer.

+ ¿Otra vez? Cariño, ya casi no te queda gris.¿Por qué no empiezas el verde? Mira, así, alrededor de los ojos, que te avive la vista.

- Nena no empieces de nuevo por favor, los mismos de ayer ¿vale? ¿Qué más te da? Además si el gris siempre me lo puedes conseguir tú y el verde está caro, lo sabes. No estoy sacando mucho últimamente y tu trabajas de voluntaria, habrá que llegar a fin de mes de alguna manera. Y la caravana necesita algunos arreglos, la puerta está desvencijada y no cierra.

+ Está bien, está bien, tienes razón. Pero antes de pensar en arreglar la puerta para que cierre preocúpate mejor de arreglar las ventanas para que abran, aquí dentro el aire ya está viciado.

- Podrían entrar ladrones de nuevo.

+ No todas las personas son ladrones.

- Pero sí todos los ladrones son personas.

+ Cielo, vivimos muy lejos de todo, por aquí ya no pasa nadie.

- Por aquí ya no pasa nadie.

Murmurando como un eco esa última frase y agachando las orejas decidió guardar silencio y dejar hacer a su compañera, abstrayéndose de todo mientras la calma se apoderaba del ambiente en la caravana.

+ Bueno, creo que ya está, mírate. Poco más puedo hacer con los colores que quieres.

- Está bien así cariño, espero que mi estimado público de hoy sepa apreciar tu esfuerzo. Tienes un don para maquillar.

+ Qué remedio, nací para esto.

- Ufff sí, hace ya ¿cuánto? ¿cien siglos? jajaja. Un comentario casual pero que encerraba un objetivo.

+ Eh tú, mucho cuidado, sabes que a una señora como yo no se le menciona la edad. Granuja. Una reacción a la medida de lo que esperaba.

- Vamos, cogeré mis bártulos, tenemos que salir.

Una sonrisa sin más que celebraba el objetivo de espantar cualquier tristeza que sobrevolara a su compañera.

¿Me acompañarás hoy también hasta la estación?

+ Si, hoy tengo turno en el embarcadero. Me entran escalofríos solo de pensar que el farol pueda aparecer encendido de pronto entre la niebla.

- Para eso también naciste con un don hace cien siglos.

+ Una eternidad más bien, no me lo recuerdes. Bueno, cambiemos de tema por el camino, ¿no te apetece cantar?

- Si es contigo, sabes que sí.

Se tomaron un segundo para guardar la frescura de la mañana al abrir la puerta de su penumbrosa caravana y otro más al agarrarse de la mano para no caer en el error común de mecanizar un gesto capaz de unirlos tan fuertemente. Dieron un paso, otro paso y empezaron su acostumbrado concierto matinal con la complicidad compartida ante cada verso. Así, hasta llegar al mismo lugar donde cada día separaban sus manos para iniciar sus tareas. Ella a su embarcadero a esperar y cuidar, con su uniforme de enfermera bien planchado. Él con los trastos que todo payaso precisa para su espectáculo.

- Bueno mi niña, nos encontraremos al atardecer por el camino. Deséame suerte para hoy.

+ No la necesitas tonto. Colócate bien la nariz.

- Creéme que sí. Más con el día que hace.

+ A juego con tus pinturas.

- Anda, saluda al barquero de mi parte y no trabajes mucho.

+ Ojalá así sea y tú encandílalos a todos, artesano de la sonrisa.

Ella le besó como siempre, con el deseo de que fuera una despedida, él últimamente no la besaba igual, se embriagaba de su silueta de mujer pero no queria perderla de vista.

- "ESTACIÓN CENTRAL VIDA" Ay, allá vamos.

Un colosal edificio de cemento, piedra, hormigón y cualquier material de suficiente dureza era la Estación Central Vida. Un gigantesco lienzo blanco poliforme desde el suelo hasta el techo, por dentro y por fuera, con una cubierta acristalada más o menos preciosa según cómo despertara el cielo. Ciertamente su compañera tenía razón al comparar sus colores grises con las nubes que recién llegaban esa mañana.

Nada más cruzar la puerta podía ver a lo lejos su pequeño escenario en una posición central privilegiada, una piedra de un metro cuadrado erosionada, de reconocible forma, que se levantaba solo un palmo sobre el suelo, lo suficiente para que en un buen día los curiosos que se amontonaran pudieran disfrutar de su espectáculo aún desde la cuarta fila. Se encaminó hacia su rinconcito sin desviar sus ojos de aquella piedra, recordando grandes sesiones en las que la blancura del lugar se tornaba en acuarelas, pero sin olvidar los días insípidos recientes que estaba experimentando.

Así empezaba su jornada, oteando sobre su atalaya un bullicio que pasaba de largo, abriendo sus brazos como el telón que anuncia el comienzo del show. Una niña sin consuelo con su muñeca rota no deja de llorar, unos recién casados que aman más que respiran, un mendigo despertando entre sus escombros, unos ojos conversando tras el velo humeante de un café, un viejo sentado solo en un banco, unos hermanos siameses, una estudiante con el puño en alto, un coro de carcajadas cerrando un círculo, un matrimonio con dos copas de vino a la luz de las velas que encendió su dragón, una paloma de un color especial provocando terremotos cual mariposa con su aleteo, una pareja buscando el tren correcto al que subir, una maleta que corre más que su dueña, unos equilibristas con los pies en la tierra, una loca dejando un tango sin acabar, un poema que se entretiene a la espera de que aparezca su mago. Un payaso sin chistera que así como empezó, así acabó su jornada, oteando sobre su atalaya un bullicio que pasó de largo.

Bajó del escenario con la sonrisa pintada, contó la recaudación sentado en su piedra, terminó de recoger y apretó el paso hacia la salida que le acercara de una vez a su compañera.

Acabó tomando un descanso a la sombra de un árbol y contemplando el campo de margaritas, blancas, completas, indecisas, azarosas. Justo cuando cedía al pensamiento de arrancar una, una voz apareció de pronto y unas manos le taparon los ojos.

+ ¿Quién soy? Sí, su compañera, justo a tiempo para salvarle.

- Mi único público al parecer.

+ Ey, ¿qué te pasa? ¿otro mal día?

- Así es.

+ No tienes muchas ganas de hablar ¿verdad?

- No tengo mucho que contarte mi vida.

+ Eh, no me llames así, ya sabes que no me gusta, no soy tu vida.

- Perdona, se me escapó.

+ Vamos, nene, anímate, cuéntame tus historias de hoy, ya sabes que me encantan.

- Nada interesante, la recaudación fue pésima un día más.

+ Va, va, no te preocupes por eso ahora, siempre salimos adelante. A ver, háblame de tu público de hoy, ¿alguien nuevo?

- Eeeh no, nadie nuevo. Ya te hablé de aquella última chica, ahora siempre se detiene un buen rato para escuchar, diría que disfruta del espectáculo. Es de las pocas que ahora parece convertirse en fieles espectadores, pero ya sabes cómo funciona esto, mañana quizás vuelva a aparecer, quizás no.

+ Entonces, don triste, no te preocupes hasta mañana de eso.

- Si, ya lo sé, consejitos vendo que para mí no tengo. Al menos de ti no tengo dudas de que volveré a verte al despertar.

+ Soy yo quien puede tener dudas de ti, te lo recuerdo. Pero no entremos en eso, no es un reproche, lo sabes ¿verdad, mi niño?

- Si, lo sé, y si lo fuera tendrías todo el derecho.

+ Nunca fue ese mi cometido y menos con estos atardeceres.

- Atardecer desapercibido si no estuvieras tú para compartirlo.

+ Cuidado payaso zalamero, no te enamores de quien no debes. Cuéntame más, cuéntame más.

- Jaja, tú, hierro y seda. Mmmm ya sabes, idas y venidas todo el día, transeúntes, ambulantes, gente de paso, errantes. Llámalos como quieras. Algunos iban con demasiada prisa como para darme una simple sonrisa, otros sí se quedaron durante horas, pero siempre pendientes del reloj, de encontrar el andén de sus propios trenes o simplemente buscaron otro espéctaculo.

+ Bueno, no eres nuevo en esto cariño, trabajas en una estación, tú mismo lo has dicho, transeúntes, gente de paso.

- Será por eso que te admiro tanto, porque tú nunca estás de paso. De nuevo faltó hoy aquel grupito de amigos que acudía todos los días. Aquel grupo de chavales que solían venir a todas las sesiones, ahora ya solo aparecen muy de vez en cuando. Los suelo ver merodeando por la estación, pero cada uno por su lado, hoy por ejemplo vi a uno de ellos pero al fondo sentado en la cafetería, con alguien nuevo.

+ Bueno, al menos no se han ido del todo, seguro que volverán, o quizás seas tú el que debe volver, reconoce que cuando te pintabas de colores tu repertorio atraía a más público.¿Qué hay de aquella linda pareja que siempre te pedían otra y otra? ¿También ellos han dejado de pasar por allí?

- No, no, jajaj, ellos no, siguen siendo unos incondicionales.

+ ¿Ves como no está tan mal? Seguro que aquella chica, que, te recuerdo, don triste, pensabas que solo estaba de paso, sigue viendo y escuchando lo que tienes que contar. ¿O me equivoco?

- No, no te equivocas, sigue pasando por allí con su maleta grande, pero ya no hace escalas tan largas como antes, aparece y desaparece. Cada vez hay más huecos vacíos en mi rincón y el sombrero ya no rebosa como antes.

+ Volverá a rebosar, ya verás, no es la primera vez que pasamos penurias y siempre las soportamos mejor entre los dos. ¿Por qué ahora iba a ser diferente?

- Porque la inspiración se me está yendo en cada maleta.

+ Empiezas a cuestionarte si tales fines merecen tales medios, a preguntarte ¿para qué, verdad? Tu siempre acabas encontrando la respuesta necesaria, para bien o para mal.

- Para bien o para mal.

+ Y... ¿también estaba...?

- Sí, también, pero ya me ves, yo aquí contigo un atardecer más frente a las margaritas. No tienes que preocuparte, ya te lo dije, el espectáculo debe continuar ¿verdad?

+ Así es, aunque estaría bien que te lo creyeras.

- Tenerle fe a las palabras nunca fue lo mío, a menudo son tan pasajeras como la vida en la estación.

+ Así como pasajeras son las musas que siempre inspiraron tu espectáculo.

- A menos que encuentre una musa sin equipaje ni tren y ya sabes de quién hablo.

+ Sí, de tu respuesta necesaria, para bien o para mal, tú también debes saber de quién hablas. Tanto maquillaje gris, tanta canción meláncolica, tan poca comedia. Ojalá pudiera tener propia voluntad para desaparecer y solo volver a encontrarnos de nuevo en la barca cuando llegue el momento.

- Por ese deseo tan arduo eres lo que eres y me inspiras como ya no lo hace nadie, nada.

+ Es al revés cariño, ya no te inspira nadie, nada y al final de la jornada ahí me encuentras. Tu respuesta necesaria, recuerda. No me ofende serlo, que no te avergüence a ti admitirlo. Asumo mi papel.

- Ay, ¿te casas conmigo?

+ Jajajaja no. Yo no me caso con nadie porque nadie debe casarse conmigo. Tú puedes seguir pintándote de gris, pero tarde o temprano las musas aparecerán de nuevo entre el público para colorearte y yo estaré encantada de cederles el puesto. Necesito un descanso de ti jajajaj.

- Eyyy ¿serás...?

Ella también sabía jugar a su mismo juego y echó a correr con su risa infantil para que le persiguiera camino arriba, que a la alegría pura no hay tristeza que le aguante el ritmo.

- ¡Te cacé! Gritó él muerto de risa cruzando la meta de su cintura.

+ Jajaja como la noche nos ha cazado, pero menos mal que ya hemos llegado. Encenderé una fogata y cenaremos, pero fuera de la caravana por favor, ¿te apetece? Dime que sí anda, dame ese capricho. Cantaremos y bailaremos ¿sí?

- Sí, tan vieja y tan niña. ¿Me concede el siguiente valls, madame?

+ Jajaja payaso incorregible.

- Laira laraila laraila laira lalaralá...

+ Jajaja paraaa jajaja ¡todo me da vueltas! jajaja.

- Al menos que siga habiendo un mundo que gire alrededor de un sol.

+ Hay más soles que pueden calentar más que yo.

- ¿Sí? Ahora sólo percibo el calor de esa fogata, y la encendiste tú.

+ Ay, me arruinas los argumentos. ¿Qué voy a hacer contigo?

- Bailar. Lará lará laralalá lará lará laralalá...

+ Nooo jajaja paraaa. Te iluminaste de colores y luego te empeñas en pintarte de gris. No te entiendo.

- Ven, sentémonos a cenar. Mira, coge la bolsa, ¿lo entiendes ahora? Ligera, vacía, ya no rebosa como antes y si no rebosa, no alimenta. Y sí, será falta de inspiración, pero saberlo no trae a la musa de vuelta.

+ Cierto, sólo se transforma en mí una vez más.

- Bien sabes cuánto me avergüenzo por ello.

+ "Y sin embargo un rato cada día, ya ves, te cambiaría por cualquiera, te engañaría con cualquiera..." Canturreó ella anestesiando con su sonrisa en lo posible para que no doliera.

Es vuestra condición de hombre y yo lo acepto. Avergonzarte por ello me halaga y te dignifica, porque pocos hubo que me trataran con tanto respeto. Es por eso que no quiero ser tu musa, te mereces a alguien mejor.

- Jeje, ¿quién mejor que tú, que eres capaz de tal sacrificio?

+ Alguien que no sea tu respuesta necesaria, alguien que sea el fin y el medio por el que eres tú quien se sacrifica, ese sacrificio que un día te sacó los colores...

- Y a la noche me devolvieron a tí, sin color ninguno.

+ Ufff. Le desesperaba cuando él usaba su mismo anestésico.

Se acercó a ella por la espalda para abrazarla rodeándola por la cintura, era como un niño aferrado a su peluche. La meció con el vaivén del valls y usó su voz más conciliadora.

- Cariño, no le des más vueltas que las que yo mismo le doy, considéralo un empate técnico, los dos tenemos razón, los dos entendemos que el otro tiene razón.

+ Sí pero...

- Lo sé, lo sé, no hace falta que termines la frase, tú no naciste para ser la musa de ningún payaso ni para hacer el amor al ritmo de un valls ni para vivir en mi caravana, lo sé. Tú naciste para acompañarme en la barca cuando el farol atraviese la niebla, lo sé, lo sabemos. Aunque muera contigo yo solamente te pido que no me abandones.

+ Mañana tu público volverá a rebosar el sombrero, mañana volverán las musas a tu espectáculo, mañana volverás a pedirme que te maquille de colores.

- Siempre vuelven, tan inesperadamente pero como habia esperado vuelven. Mañana volveré a creerte entonces. Pero mientras tanto no me niegues este baile, que no soy ninguna Penélope para tejer la espera con palabras y el campo sigue inmaculado de margaritas. ¿Acaso no es mejor dormir abrazado a tí que ir a buscarte al embarcadero?

+ Supongo que es mejor ser tu respuesta necesaria a que no tengas ninguna. Apagaré el fuego, que el sereno ya encendió sus velas.

- Dormiremos a la intemperie, que por aquí ya no pasa nadie.

Se admiraron de nuevo por última vez hasta que él rompió el silencio.

- Ciérrame la noche con un beso, igual que me abriste el día.

+ Serás...

- Payaso.

sábado, 17 de mayo de 2025

De acantilados, vorágines y caminos

        Inspirado en mi último viaje y con todo el respeto y cariño para esas personas que sufren lo que yo solo puedo imaginar. 
Gracias por leerme.


De acantilados, vorágines y caminos

        He perdido la noción del tiempo que llevo aquí parado, pero se que no es poco. El picor caliente que el sol me está provocando en la nuca me lo indica. Se que venía de allí y que me dirigía hacia allá. Se que me detuve aquí para fotografiar lo que contemplo acá. 
Lo que no se es dónde se ha metido todo el mundo, todos los que dejé atrás antes de esta última subida, que no fueron pocos. Ni tampoco logro entender la pesadez extrema sobre mis hombros, si la mochila descansa sobre el manto vegetal de la duna donde me apoyo.

    Esto no me gusta, esto no está bien. El mar de zafiro en calma que tengo capturado en mi cámara ya no es el mismo. Se ha embravecido hasta opacarse, castigando impunemente a las rocas allá abajo. Esto no está bien. Y yo ofuscado, a salvo aquí arriba pero sin estarlo, con un descontrol que me controla, un sudor que la brisa no barre, un aire que rehúsa entrar en mí. Esto no me gusta. Para ya de repetir eso joder. Necesitas calmarte y respirar paso a paso. Veo tiburones ahí abajo saltando desquiciados. No, no pueden ser de verdad.

    Alguien viene por la derecha, una pareja. No puedo pedirles ayuda, mi pecho tiene atrapada mi voz. Ya se acercan, ya están aquí. Pero... ¿esto qué es? ¿No me ven? Pasan de largo delante de mis narices. Con un dolor en el pecho que me constriñe hasta el brazo al lanzarlo contra su desplante, la chica, solamente la chica, se desvanece como un remolino de esta arena rojiza.
Esto no me gusta. Y él... continúa el camino... ¿sin inmutarse? Esto no está bien.
Ahí abajo las bestias me esperan y lo que resuena por encima del látigo sobre las rocas es un martillo frenético en mi costillar.

    Risas. Infantiles. Ahora una familia, pero ¿de dónde han salido?
Tienen que ayudarme, por favor, por favor. ¡¡Nooo!!
Mujer y niño han volado como plumas directos a partirse el espinazo contra las rocas. Los tiburones se sirven a su antojo. Y una vez más el hombre continúa como si nada.

    Agua, necesito agua. Tengo la lengua como un zapato pero no reacciono. Miro a mis brazos inquisitivamente para obligarlos a cumplir una orden que parece no llegarles en mitad de esta vorágine sin sentido. A cámara lenta los veo moverse y a unos pasos aparece un hombre mayor que envejece, se encorva y pierde luz a medida que se acerca.
Cuando a su velocidad de penitente pasa frente a mí, se gira sin detenerse para mirarme frente a frente. Me reconozco en él debajo de su decrepitud y cuando él reconoce en mí el escalofrío del miedo al borde del acantilado, me sonríe, se yergue y alegra el paso hacia donde yo me dirigía.

    Mi mirada atónita e inmóvil centrada en este personaje parece ir desagüando el ruido de mi cabeza. En alguna parte dentro de ella, muy al fondo, algo se hizo fuerte, más que yo. Ahora que el mar vuelve a ser zafiro y mi pecho se desentumece, ahora que el aire entra y el sonido sale, ahora le encuentro el sentido a la vorágine. El pánico a lo que venía y ya no vendrá, la ansiedad por lo que sí lo hará.
Y mientras, el murmullo enfrascado de la música en mis cascos que cuelgan no se paró. Suena, bendita ironía, "Miedo" de Izal. Sonrío, levanto la mochila sobre mi espalda, miro el camino que me queda por delante y voy en busca de aquel viejo alegre. Y canturreo.

"Se que te irás en el mismo momento en que deje de pensarte..."

sábado, 19 de abril de 2025

Nos veremos en la siega (I)

    Vuelvo, para variar, después de un tiempo, pero vuelvo con algo diferente a lo que estoy acostumbrado. Salgo de mi zona de comfort para ver cómo me sentía escribiendo en primera persona dándole voz a los personajes. Eso y que por primera vez la historia será en capítulos.
Bueno, como siempre digo, espero que os guste y gracias por leerme.


Nos veremos en la siega (I)

        Con la ventanilla del coche subida hasta el tope voy mirando entusiasmado el paisaje de este lado de la carretera, que aunque solo sean colores de la tierra con matorrales y algunos árboles, es mi favorito, porque vamos al pueblo.
Estoy deseando llegar y darle un abrazo a mis abuelos y marcharme corriendo a la plaza a jugar con mis amigos que no veo desde hace un año. Y también poder respirar, que aquí dentro me muero de calor, pero papá no me deja bajar la ventanilla, que dice que fuera hace más calor todavía que dentro.
Me llamo Alfonso y tengo diez años, aunque en el próximo mes y medio aquí seré el hijo del harinao.

Llevo dos minutos mareando la cuchara en el poco caldo que me queda en el plato, alerta para salir escopeteada cuando mi madre me de permiso para levantarme de la mesa y correr al bar de mi tita y que nos de un poloflash de cola a mí y a mi prima, antes de que lleguen las otras para jugar toda la tarde buscando la sombra en la plaza de la iglesia.
Me llamo Mariela. Bueno, María Elena, pero prefiero Mariela que suena menos a pueblo, que ya está lleno de Marías.

Alfonso: ¡Pasa, pasa! ¡Aquí! ¡¿Pero dónde vas?! Perdonad chicas, el verderón, que siempre se pasa de fuerza.
"Uy, ¿Y esta quién será? ¿Vendrá de la capital como yo? ¿De quién será? Ala, tiene una camiseta de los fraggle rock, qué guay".

Amigos¡Eeeeh harinaooo! ¡Saca ya o échala!

Mariela: Oye, ¿quién era ese? Nunca lo había visto.

Amiga: Ese, el harinao, vive en la capital y solo viene en verano, pero como tú antes lo pasabas en la finca. Es mono, ¿verdad? jijiji.

Mariela: No sé, supongo. Pero me gusta su camiseta de Naranjito jeje, es graciosa. Bueno, yo me voy antes de que me llame mi madre. Mañana quiero ir al río, ¿os apuntáis? Bueno, pues nada. Yo estaré por allí, por si al final queréis. Adiooos.


Alfonso: Hola.

Mariela: Ah, hola.

A¿Estás sola aquí? ¿Te molesta si me siento contigo?

M: Vale, está bien.

A: Y... ¿haces algo?

M: Sí, pensar.

A: Mmm vale. Y... ¿en qué piensas?

M: No sé, en cómo terminará el libro que me estoy leyendo, en dónde irá toda esa gente en ese avión que está pasando o de dónde vendrán. ¿Tú qué crees?

A: Yo... no sé, la verdad es que no me importa mucho. Yo prefiero mirar las plantas y pensar por qué son así o ver lo que hacen los bichos.

Era un lunes, un lunes como cualquier otro de un verano como otro cualquiera, a la vera del riachuelo que bordeaba las primeras casas a la entrada del pueblo, con un sol aún en calma y una brisa inexistente que no le plantaría cara cuando decidiera abrasar la tarde. 
Era un lunes de un verano que para Alfonso y Mariela ya no sería como cualquier otro. Ni lo sería el martes, ni el miércoles, ni ningún otro día de aquellas vacaciones en las que se convertirían en inseparables, aprendiendo uno del otro, contándose cosas de la ciudad y cosas del pueblo, apoyándose mutuamente para soportar las burlas de los demás niños. Todo un bucle de complicidades infantiles que parecía no tener fin, hasta "las Fiestas de la siega".

A¿Pero dónde estará? Si están todas... ah mírala jaja dando la nota. ¡Eh! ¡Para, para de bailar! Tengo que contarte, ha pasado algo.

M¡¿Qué?! ¡No puedo oírte!

A¡Que tengo algo que! ¡Dame la mano, vamos fuera de la plaza! Menos mal, es imposible con esa música.

M: Pero qué dices, si es ¡Bowie! Let's dance para para parapap. Baila conmigo y quítate ya el sombrero de paja, que es la última noche.

A: Pues eso tenía que contarte, que sí que es la última noche. Nos vamos.

M: Pero si todavía quedan dos semanas para el colegio.

A: Lo sé, pero algo ha pasado en casa y mi madre ha empezado a hacer las maletas. Me he escapado para buscarte, nos marchamos ya. He escuchado a mi padre decir algo de que tiene que estar mañana temprano en el trabajo.

M: Jopé, me voy a aburrir mucho hasta septiembre. Te voy a echar de menos.

A: Y yo a ti, pero no estés triste. Seguro que no te aburres, tú siempre estás con tus libros, tus preguntas raras. Yo sí que me voy a aburrir fuera del pueblo. Supongo que ya no nos veremos hasta el verano que viene.

M: Dame tu dirección.

A: Pero si ya sabes dónde viven mis abuelos.

M: La de la ciudad tooonto. Así te podré escribir y tú a mí, si... quieres, claro. Prometo contarte cosas de las plantas y los pájaros y los insectos.

A: Pero no tengo para escribir.

M: Yo sí, toma.

A¿Y papel?

M: Mmmm... Trae, tu sombrero de la siega, escríbelo ahí. Te lo cuidareee tranquilo. Te lo devolveré para la próxima siega.

A: Buenos, pues... me voy.

M: A... adiós.

A: Hasta la próxima siega.

M: Sí, hasta la próxima siega.

sábado, 22 de febrero de 2025

Identidad vendida


        Mi nombre es Lucio Morfeil, un apellido original donde vivo por la procedencia francesa de mis ancestros, como ocurre con algunos de mis paisanos.
Los achaques propios de mi edad ya me van hablando de tú y aquí, a la luz de una vela mortecina, en el altillo de la torre vigía de la casa de aquellos franchutes de los que vengo, he decidido que ya es hora de... pintar mi último cuadro.
Sí, soy pintor y según me dijo todo el mundo desde que era un niño, soy uno de los buenos. No es que no lo admita por falsa modestia, es que jamás pude contemplar nada de lo que creé, porque soy ciego, por increíble que parezca.
No del todo, por eso la vela, de la que solo percibo una luz engullida por la niebla que me inutiliza los ojos. Pero no voy de pobrecito, no me quejo. Cuando me quedé huérfano a los ocho años no acabé ni en la casa cuna ni de pedigüeño por las esquinas. Mi tío me acogió aquí, me dio una educación y descubrió mi talento innato ya fuera con un pincel, con un lápiz, sobre papel, sobre lienzo. Cualquier cosa me servía para mostrar lo que miraba sin ver. Nunca me importó mi negrura porque con mis manos yo te inventaba.
El brillo del escudo familiar se fue apagando como mi vela con el paso de las generaciones. A mí me tocará cerrar el capítulo de los Morfeil, puesto que ni mi amor ni mi pasión fueron nunca devotos de alma humana alguna. Probé los placeres de la carne, en muchas ocasiones valiéndome de la admiración por el artista, pero nada más.
        Por eso, para devolver a mi gente lo que me dio, junto a esta carta encontrarán mi última voluntad pintada sobre lienzo.
    Las manos de la señora Rosario tejiendo sus redes a la sombra de una barca, con sus arrugas contando años como los anillos de un árbol. Mientras, yo sentado en la arena muy cerca de ella con mi uniforme nuevo, casi llegué tarde a mi primer día de clase.
    El gigante protector, aquél drago enorme en el parque cuidando del sol a los niños vestidos de domingo.
    El recreo de las locas sin rumbo ni destino cuando ya no quedaban migajas en la plaza y la señora Hortensia me recompensaba con un chocolate del ultramarino por preferir ayudarla con sus quehaceres.
    La nevada de colores fabricando la alegría para un año entero, que fue lo que duró el recuerdo de la primera caricia intencionada de mi adolescencia principiante.
    Los deseos liberados en su celda de la calle del Silencio, aquella noche de primera borrachera acompañado de truhanes graduados en las Luces y en las sombras.
    Centinelas marineras de ronda entre los castillos, diligentes e impertérritas al temblor de mi cuerda floja cuando de la noche a la mañana me convertí en el señor de la casa, tras la muerte de mi tío.
    La primavera asomada en los balcones, guardianes de secretos que marchitan dentro de nuestras alcobas, aunque para la modelo y para mí supusiera una tarde en el Edén al que nunca viajó con su marido.
    El club de los insomnes hijos de La Boheme a la caza de las musas que les revolotean, que atraíamos al olor del humo y el vino arrabalero para parir sin dolor el arte gestado dentro.
    Los duques de la coba jugándose la nada por el todo con los más listos de la Corte pero extranjeros en sus calles, mientras yo en la audiencia esperaba el final repetido de la comedia.
    La siesta de los granujas, con el sol tostando la piedra ostionera de las murallas, gatos callejeros que no pierden un ápice de señorío.
    La bella escondida para el resto del Orbe tras el patio de un convento y El ajedrez de azoteas donde la ropa baila al compás de los cuatro vientos, con los que aprendí a detenerme a tiempo antes de precipitarme en la misma fosa donde las noches despeñaron a tantos otros.
    El camino de plata de las noches de verano cuando Catalina la blanca se ancla en nuestras aguas y que me guiaba como una lazarilla hasta el cofre de mi tesoro repleto de colores, anclándome a mi fantasía.
    El bosque flotante en su otoño creciente de este barco a la deriva en quien me fui convirtiendo en paralelo a la ciudad, acomodándome a las nuevas aguas inevitables de la edad.
    Poseidón dando muerte a Apolo cada tarde como ofrenda para los devotos de Afrodita y Los espejos del alma nacarados por nubes y espuma, que me encerraron en todos los aspectos posibles en mi obsesión por conseguir la perfección que contemplaba cada día a mi manera.
    La chusma en su misa de la esquina esperando mesías de mecha corta, cuando la alegría le pudo a la perfección y aún con canas y torpezas invasoras los paisanos me hicieron revivir otros tiempos.
    
    Y así me hallé en equilibrio para encarar el fin de mis días con Las mil lanzas puestas a pescar garabateando en el aire la plegaria del pobrecito; con Damas embriagadoras por la alameda de los flirteos adolescentes y El levante titiritero de unos papeles jugando a la rueda rueda en una esquina cualquiera, sacándome una sonrisa recordando la infancia tan lejana y viva.
        Así, por la presente concluyendo, que devuelvo a mi pueblo la vida que me ha dado, con trazos de recuerdos y pinceladas de mis sueños, amalgamando así el paraíso de este ciego al que tomaron por genio, cuando lo único que hizo fue soñar con sus cuatro sentidos. Todo lo dejo a mi pueblo, todo lo que encuentren en esta torre cuando hayen mi cadáver, para que nunca olvide su identidad.

- Lucio Morfeil, vividor, soña... bla bla bla.

- Carlos, creo que deberíamos de hablar con la concejala, esto que hemos encontrado es muy gordo para la ciudad.

¿Con la de Cultura? Ni se te ocurra Carmen, ni se te ocurra.

- Pero Carlos...

- He dicho que no, nos jugamos el cuello con este proyecto. Por fin conseguimos quitarnos de encima al último inquilino y los de arriba volcaron todo en conseguir las licencias antes de que pudieran cambiar las leyes. Y cuando digo todo, es todo Carmen. Para junio quieren ya la apertura y colocarnos en el top de los principales buscadores de Asia y norte de Europa.

¿Y qué hacemos con el documento? Es de un valor incalculable Carlos y puede ser un escándalo si se descubre.

- Carmen no me jodas eh, no me vengas con escrúpulos ahora cuando hiciste de todo para echar a las seis familias y a los tres viejos que vivían aquí eh. Esta carta la guardaré en mi caja fuerte en el chalet de la sierra y aquí no ha pasado nada. Los obreros que sigan con lo que estaban y cuando en unos meses el alcalde nos haga la ola se la entregamos y que se inventen la noticia del hallazgo como quieran. 
¡Qué identidad ni identidad!, por favor.

martes, 4 de febrero de 2025

La nana gris. 3 de Febrero 2016


        Niño que vienes al mundo, bienvenido, tuyo es. Qué penita de mi niño, qué culpita has de tener. Mi niño recién nacido, ten a mano esta canción aunque para tu suerte te queden años para comprenderla, años en los que crearás un mundo que ojalá no olvides, mundo que indiscutiblemente será mejor que este nuestro, fuera de tus fronteras, fuera de la caverna, mundo de febrero en el que naciste y al que me devolviste. 
Tú, el ser humano más fuerte del mundo, ese al que hoy regreso de nuevo, para enfrentarme a mis dragones, a matar o morir, matar para seguir viviendo, morir para vivir otra vida. A este cuento de terror ya llegarás algún día, por eso te mezco estas palabras, una nana a mi manera, una nana de febrero, que a la cara siempre te diré como yo veo que son las cosas y si quieren otros que te las cuenten color de rosa. Este mundo de terror hoy me aleja del tuyo, ese en el que inventas colores con tu alma sin imposibles sobre el lienzo caliente del sur, así no hay utopía que resista tu creación. Gracias por pintar garabatos con tus suspiros en este mi mundo que nos aleja hoy y perdón por traerte sólo una nana de mi mundo gris, que ojalá te ayude a esquivar la profecía del mundo que devora otros mundos, ojalá puedas contarme qué se siente.         Por eso aprende de mi nana que tu sangre es roja de obrero y no azul de reyes, así que cuidado con la altura de tus sueños, que el fracaso es lo primero que desteñirá tu mundo. Por suerte viniste a nacer a la orilla de la risa, orilla de amarillo, chillón por la risa, donde las expectativas se salvan al grito de un "buenos días princesa". Aprende a nadar lejos de esta orilla para que vuelvas a ella con colores y risas de otros mundos. Aprende que cualquier forma de arte es un brote de color verde de los mundos que fueron creados, luego devorados. Del amor solo te diré que me escuches y aprendas a hacer todo lo contrario, que no te creas eso de que hombre cobarde no conquista mujer bonita, que ella también tendrá algo que decir y de valientes está el cementerio lleno. 
Aprende a vivir mi niño, saca tu corazón a la intemperie, que le llueva, que le truene, y si lo rompen las heridas se remiendan, que más vale un corazón maltrecho, escarmentado y descosido a un corazón intacto, triste, solo, desganado y escondido. Un corazón que haya perdido los colores de un mundo como el que tú ya andas creando, al que he venido a asomarme unos días para blanquear mis morados dolientes y mis negros opacos y así mecerte a mi manera esta nana de febrero, por un mundo en el que vencer el gris de mis dragones con el arco iris de tus camaleones.